Jaime Alzate


La noticia sobresaliente de esta semana fue la entrevista que dio el exministro y exembajador Gabriel Silva Luján en la cual de la manera más desvergonzada se inventó una inmensa cantidad de calumnias en contra de quien no solamente había sido su jefe, sino quien lo catapultó hasta convertirlo en un individuo que aparentemente merecía el respeto de sus conciudadanos, y que al ocupar tan honrosos puestos debería haber tenido lealtad para con el mejor presidente que en muchos años ha tenido Colombia, a quien le debía respeto y el agradecimiento.
Uno francamente se avergüenza de tener que presenciar las actuaciones de esta clase de individuos, porque si esa traidora actuación la comete uno de tantos rufianes que llenan los penales, tal vez lo justificaría, precisamente porque su falta de educación no les ha permitido pensar con honradez y sin ninguna vergüenza denigran de quien les dio de comer. Con Silva Luján, personaje de muchos oropeles, pasó todo lo contrario.
De las conductas más detestables de la raza humana, la traición es la más despreciable, sobre todo cuando se comete contra amigos y quienes depositan en alguien su confianza. Llega a tal punto que lo que estamos viendo ahora, como continuación de los crueles ataques de las izquierdas mamertas contra el presidente Uribe, provenientes de las sucias calumnias de uno de los peores terroristas de la época moderna como es el judío Klein, que no tendría nada de raro que hubieran sido promovidas por quienes se hicieron pasar como sus amigos, para que tan pronto perdiera el poder, pudieran sin ningún pudor propinarle puñaladas traicioneras, después de haberle estampado tantas veces el beso de Judas.
Qué lejos está este caballero de algo tan precioso como es la lealtad. Pero el Dr Uribe puede estar tranquilo, porque la patria conoce muy bien el talante y el patriotismo de quien sacrificó buena parte de su vida para regresarnos la esperanza de un país sin los asesinos que durante tantos años nos han agredido, quitándonos uno de los derechos fundamentales del ser humano como es el de vivir en paz.
Pobre señor Silva. Nunca pensamos que su capacidad de calumnia y mentira fuese tan rastrera. Menos mal que su personalidad quedó al desnudo antes de que hubiera cometido semejantes actos cuando tuvo el poder en sus manos, porque el prestigio de Colombia habría quedado por los suelos, cuando todo el mundo hubiera tenido que espantarse de ver la corta distancia que hay en su alma entre la lealtad y la traición.
Desafortunadamente todavía nos queda mucho por ver de los aleves ataques que tendrá que sufrir el presidente Uribe, porque apenas están comenzando a organizarse las pandillas de cuello blanco, que seguirán la estrategia de los enemigos de quienes ponen el pecho para enaltecer la patria.
De burócrata inútil lo calificó el expresidente Uribe. Yo agregaría, como dijo Laureano Gómez de Lucio Pabón, uno de sus ministros quien lo traicionó desvergonzadamente durante la dictadura de Rojas Pinilla, "nadie conoce al abismo que hay en el fondo de su alma".
P.D.: No existe nada en el mundo que esté completamente equivocado, hasta un reloj parado consigue acertar la hora dos veces al día.
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