Pedro Felipe Hoyos Körbel


Con la destitución de Petro como alcalde de Bogotá se polarizaron de nuevo las fuerzas políticas en Colombia. Una derecha intransigente se enfrenta a una izquierda dinámica. El país fue testigo del surgimiento de una nueva forma de combate, con toda la artimaña se le buscó la caída a este importante líder de izquierda y es muy probable que hace 20 años a un personaje de esta índole se le hubiera matado. Hoy se procedió con gran ritual togado para obtener el mismo fin. ¿Para qué se amnistía la izquierda si finalmente no se quiere su participación en la vida política? ¿Para qué un proceso de paz si lo que se quiere es aniquilar al opositor negando la esencia de la democracia? Estamos reaccionando desmesuradamente ante Venezuela y sus socios latinoamericanos, en todo ven los medios colombianos la presencia del castro-chavismo. Pienso que a la izquierda se supera siendo más que ella, no temiéndole. Muchos de los enfoques de la izquierda son válidos, y más en Colombia, país plagado de injusticia social. El centro y la derecha cuando elaboran sus planes políticos se olvidan de las minorías étnicas, de los campesinos y del obrero. Los partidos tradicionales no ven las fronteras del país, seguramente dirán que en las zonas apartadas de la Nación no hay votos. Lo social fue desmontado de las banderas de los partidos liberal y conservador, si es que alguna vez estuvo, hablo de una política integral, no solo ciertos aspectos sueltos de los que se ufanaba el desumbralizado MIRA. La derecha, si quiere aportar al país y parar la radicalización política, debe convocar a la discusión y elaboración de un modelo económico que abarque realmente las necesidades de todos los colombianos. Con ese logro habrá un avance notorio, por supuesto el gran adversario no está en el país, es en Washington donde se firmará la paz de Colombia.
La derecha, escondida detrás de un código, dejó entrever su carencia de sustancia. ¿Qué líder le pueden sacar a una lumbrera como Petro? Está el neoliberal Uribe, vehemente y radical. ¿Cuál otro? En la izquierda figuran ídolos como Jorge Enrique Robledo y voces promisorias como las de Claudia y Clara López, por nombrar a algunas, todos ellos políticos que han replanteado los problemas del país y han mostrado que en Colombia se puede hacer política y obtener votos sin las fatales maquinarias. Han expuesto ideas originales señalando sin escrúpulos las llagas colombianas, han liderado debates de trascendencia y han sido oídos. La izquierda, en su mayoría, es más rigurosa cuando se trata de actuar políticamente, en cambio la derecha solo piensa en elecciones y votos con el propósito de obtener un puesto bien cerca al frasco de mermelada. La atolondrada derecha ha corrido con suerte que no han surgido otros Petros para tomarse, sin mucho esfuerzo, pero mucho compromiso, el poder. Por supuesto que el elector con algo de entendimiento, no todo, simpatiza con la izquierda, en ella encuentra ágiles defensores de los derechos que el sistema le cercena a diario.
¿Qué hará Petro ahora? ¿No quedó, después de la discutible destitución, un hombre dispuesto a jugársela toda a la venganza? ¿Se irá a Cuba, Venezuela o Nicaragua a combatir al Estado colombiano? ¿Qué pensarán los negociadores de las Farc apoltronados en Cuba? ¿Se acogerán a un pacto con Santos y 20 años después serán destituidos de sus cargos de elección popular por orden de un procurador de la Nación? ¿Será que el candidato Santos vio más futuro para su campaña reelectoral apelando a la radicalidad de los votos de los seguidores de Uribe que a los mismos resultados de su secreto proceso de paz? ¿Oiremos próximamente en las noticias que por algún motivo, no muy evidente, el presidente Santos, suspenderá los diálogos, dejando a los negociadores plantados y de nuevo, como cuando fue ministro de Defensa, descargara cuanta bomba tenga sobre la guerrilla, mostrándole a los electores indecisos que él es más "berraco" que Uribe?
La política vive del debate y de la lucha, pero no se puede dejar de vista que ella es el camino para obtener la felicidad de los ciudadanos.
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