Francisco Santos


Era solo cuestión de tiempo. Al Presidente, ya lo sabemos, no le gusta la crítica. Y en la alta oficialidad de nuestras fuerzas militares y de policía hay un gran descontento porque sienten que si bien ganaron la guerra están perdiendo la paz. El país quedó sorprendido con el cambio de cúpula. Pero poco a poco se conoce la verdad.
No es como lo dicen los medios un enfrentamiento del comandante del Ejército con el ministro. El general Sergio Mantilla era poco querido por sus colegas pues el maltrato hacia sus subalternos era por todos conocidos.
Quien lo sostuvo en ese puesto fue el ministro Juan Carlos Pinzón entre otras porque sus padres fueron compañeros de curso y compartieron infancia y juventud.
Quien sí presentó de manera respetuosa e institucional sus observaciones y quejas frente al proceso de paz fue uno de los mejores generarles, y de los más queridos por la tropa, que ha tenido el Ejército, el general Alejandro Navas. Eso le costó el puesto y de pasada inició un remezón que aprovechó el Presidente para pasar cuentas de cobro por un lado y sacar todo oficial que tenga reparos con el proceso de paz por el otro.
Navas fue y ha sido leal con el gobierno pero como líder de las Fuerzas Militares tiene mucho qué decir. Parte de su trabajo es ese, conducir y tramitar el debate de las inquietudes de la tropa con el gobierno. Con este Presidente se equivocó pues aquí solo hay posibilidad de diálogo con los bandidos. Los generales y los oficiales a guardar silencio y a obedecer órdenes. Las inquietudes de la oficialidad, que son muy grandes, no tienen cabida en la agenda de paz del gobierno.
El general Raúl Torrado de la Fuerza Aérea también cayó por cuenta de sus inquietudes con el proceso de paz. Fue siempre una voz que no calló en los escenarios institucionales frente a la derrota política a la que someten a las Fuerzas Armadas. Fuerzas que victoriosas el 7 de agosto del 2010 hoy ven a sus contrincantes dictar cátedra sobre una democracia que aún quieren destruir pero que gracias a nuestros soldados que han dado su vida todavía permanece en pie.
Lo de la Armada es distinto. Las grandes inquietudes tienen que ver con la disputa que hay con Nicaragua y la indecisión del gobierno. Hay gran malestar ante la duda permanente del Presidente y la Canciller sobre el camino a seguir y el avance de Ortega en su afán de despojo de nuestra soberanía. En vez de convencer con argumentos el Presidente y su ministro deciden pasar al retiro almirantes de primera condición.
Lo de la Policía es la carambola final. Cobrar con el retiro un desliz de un gran oficial, el general José Roberto León Riaño, que sin el carisma de su antecesor iba haciendo la tarea.
¿Una cúpula de bolsillo? Ojalá no. Sin ser deliberantes nuestros militares y policías siempre han sido punto de equilibrio y sensatez en momentos complejos de nuestra patria. El consejo acertado necesita de un ambiente de confianza que Santos reventó con este cambio de cúpula. En eso es consecuente con un su política de rodearse solo de quienes le dicen sí Presidente, muy bien Presidente. Grave error.
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