Jaime Alzate


Pocas veces nos suceden hechos tan trascendentales como el de esta semana cuando el procurador tomó la valiente decisión de destituir e inhabilitar por 15 años al alcalde de Bogotá, el petulante y descalabrado Sr Petro.
Todo sucedió tan rápidamente, que a pesar de que teníamos la certidumbre de que algo grave estaba pasando, suponíamos que los hechos iban a la espalda de la revocatoria del mandato por vía de las firmas de los colombianos que estaba recolectando con tanta tozudez Miguel, el hijo de Enrique Gómez Hurtado.
Pero el procurador, que no se para en pelitos, resolvió, antes de que la cosa se le fuera a enredar, coger el toro por los cuernos, y a pesar de saber los problemas que se le iban a venir encima, pilló a Petro totalmente desprevenido y le abrió otro hueco en la cabeza, muy parecido al que le había propinado su esposa por andar dándoselas de patialegre.
El único que parece tenía conocimiento de esta sorpresita era el ministro de Justicia, quien en una actitud que ha merecido todo el rechazo, antes de conocerse la resolución de destitución, estaba dando declaraciones salidas de tono contra quien tenía el poder para tomar una determinación para la cual está claramente habilitado en la Constitución Política.
Esta reacción de Gómez Méndez, famoso por la sonrisa mordaz y temperamento de mamerto que ha ostentado toda su vida, supongo que debe merecer una sanción de alguno de los órganos de la justicia que todavía no esté politizado. Es que estamos muy fregados en este país, pero no podemos dejar que alguien con la responsabilidad de este señor, no tenga la suficiente prudencia, ni el conocimiento de que lo que está haciendo es una clara violación a las leyes que él más que nadie debe conocer a profundidad. Cómo sería de notorio el error, que a las pocas horas tuvo que salir a defender al mismo gobierno ante los ataques de Petro.
Era claro que Petro no se iba a quedar callado, puesto que, conociendo su espíritu pendenciero y petulante respondería, como en efecto lo hizo, con una diatriba en la plaza pública incitando al pueblo y pidiendo que lo respaldaran, con argumentos que deben tener muy disgustado al presidente Santos. Eso de defenderse tratando de abrirle los ojos a los guerrilleros sobre, lo que según él, les espera después de las conversaciones de paz, y de mencionar los genocidios que se han cometido en el país, pero echándole la culpa al gobierno de lo ocurrido, debió caerle muy mal a Santos, que por allí anda haciéndole caritas a los partidos de izquierda buscando desesperadamente votos para su reelección. Que esto le sirva de ejemplo: el que con muchachos se acuesta...
Todavía no sabemos en qué va a terminar este penoso asunto en el que, como de costumbre, quedamos ante el mundo como otra república bananera. De lo que estoy cierto, es que si el desenlace final va a ser que tengamos al menos 15 años a Petro por fuera de cualquier cargo público, nos podemos dar por muy bien servidos. Pero mejor le irá a Bogotá, cuyo futuro se estaba viendo como la negra continuación de la tenebrosa administración de los ladrones Moreno y las ratas Nule. Pongamos mucha atención, para que este desastre no se vuelva a presentar en ninguna otra ciudad, ni con personajillos corruptos, ni con petulantes de pies de barro.
Esperemos que los habitantes de nuestra capital, que son oriundos de todos los rincones del país, no vuelvan a meter las patas y piensen con la cabeza para escoger como nuevo mandatario a un verdadero dirigente y estadista que sea capaz de volver a tomar el camino del progreso, la honestidad y nuevamente, nos sintamos orgullosos de tener una capital a la altura de las mejores del mundo.
Con repudio vemos cómo Petro se ha dedicado a promover revueltas, violando claramente el honor que se le entregó en las urnas. Eso termina de probar el lío en que se estamos metidos con esta clase de falsos ídolos.
Se dice que no hay mal que por bien no venga, y esta va a ser la última oportunidad de recuperar el tiempo perdido.
Ah! y que nos venga el nuevo embajador de USA a joder metiéndose en nuestros asuntos internos. Él y el mono cacreco de la ONU bien pueden ir haciendo maletas. Mal comenzaron este par de metepatas.
P.D.: Decía el filósofo: "el vacío doloroso" es una frase sin sentido, el vacío no puede ser doloroso. ¿Que no?, como se ve que a usted nunca le ha dado un dolor de cabeza, o que no le han pegado un taconazo, como el que le pegó la señora a Petro.
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