Efraim Osorio


De un artículo sobre la "banalización de la sexualidad", de Mario Vargas Llosa en El Tiempo (Lecturas dominicales, mayo/2013), el médico Alfonso Sánchez Medina hace algunos comentarios para El Mensajero (19/5/2013), entre otros, éste: "Cada vez se toma esta valiosa expresión sociológica de la sexualidad como un mero instrumento de placer instintual pasajero, similar a la conducta animal". ¿Instintual? ¿Por qué no ‘instintivo’, si este adjetivo significa que "es obra, efecto o resultado del instinto, y no del juicio o la reflexión", que es precisamente lo que el señor Sánchez Medina quiere decir con "similar a la conducta animal"? ¿Prurito de innovación? ¿Influencia extraña y perjudicial de la jerga de sicologías oscuras y embrolladas? La desinencia ‘-al’ no da para tanto. ‘-Ivo, va’, sí, puesto que, como lo enseña la Academia de la Lengua, este sufijo "forma adjetivos y algunos sustantivos, cuya base derivativa suele ser un participio pasivo o un sustantivo latinos y, a veces, sustantivo español. Puede significar capacidad para lo significado por la base o inclinación a ello". El adjetivo ‘instintivo-a’ sirve de ejemplo. Palabras basura es lo único que neologismos como ‘instintual’ le añaden a nuestro léxico.
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Por estos días, se habla mucho de que el presidente Santos ‘desea reelegirse’. Saúl Hernández Bolívar escribió: "Así, su deseo de reelegirse y el que haya quienes crean que tiene todas las de ganar solo se explican por los vientos que soplan desde la Habana" (El Tiempo, 21/5/2013). Y en la edición virtual de LA PATRIA, del mismo día, Fuad Gonzalo Chacón se expresó así: "El presidente Santos notificó por estrado al país sus ganas de reelegirse". ¿Cuándo y cómo entenderán periodistas y columnistas que si el presidente colombiano ‘quiere reelegirse’ no necesita campaña, ni seguir concertando con Rodrigo Granda y sus compinches de andanzas criminales el desarrollo agrario-industrial, la justicia campesina, la repartición de terrenos baldíos o de latifundios, y el número de los integrantes de la Fuerzas Armadas? Porque si el señor Juan Manuel Santos ‘quiere reelegirse’, pues ‘se reelige’, y seguiría gobernándonos durante cuatro años más. Otra cosa muy distinta es que quiera ‘ser reelegido’, caso en el cual tendría que seguir haciéndoles propaganda a las cien mil casas regaladas, a los programas de computadores y tabletas gratuitos, a los bandidos capturados o muertos durante su mandato, a los índices de esto y de aquello y de lo otro, etcétera… El mal empleo de los verbos pronominales no les cambia su naturaleza. No es lo mismo ‘enredarse’ que ‘ser enredado’.
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‘Avestruz, culebra, hiena, hormiga, lechuza, sapo, liebre, mosca, mosquito’ son nombres epicenos. "Se denominan Nombres Epicenos los sustantivos que se refieren a personas o animales mediante un género gramatical, sea este masculino (el personaje, el rinoceronte, el vástago) o femenino (la persona, la lechuza, la víctima)" (Nueva Gramática de la Lengua Española, 2.1h). Repetimos: unos son masculinos; otros, femeninos. El suplemento dominical de LA PATRIA, la Patria Chica, le dedicó dos páginas a "Los animales más grandes del mundo" (19/5/2013). Entre éstos, menciona el avestruz, pero de la siguiente manera: "El ave: La avestruz". ‘Avestruz’ es un término masculino que debe ser determinado por el respectivo artículo: ‘el avestruz’. Ahora bien, si se quiere especificar el sexo del animal, debe recurrirse a los nombres ‘macho’ y ‘hembra’, así: "El avestruz hembra", "una culebra macho". Dice, además, el texto aludido: "El pelícano ceñudo (…) el pájaro o el ave volador con mayor peso". En muchas oportunidades me he referido a los nombres femeninos que empiezan con sílaba acentuada, y que, por esto, piden, por eufonía, los artículos masculinos (el, un), por ejemplo, ‘el ave’, ‘un agua’. Pero esto no quiere decir que sus adjetivos calificativos deban concordar con el artículo. La frase, por lo tanto, debió ser construida de esta guisa: "…el pájaro o el ave voladora…", no importa la presencia del nombre masculino ‘pájaro’.
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"Errar es humano". Dicho aplicable a nuestro futbolista James Rodríguez, quien, en entrevista concedida al periódico O jogo de Portugal (El Tiempo, 23/5/2013), dijo lo siguiente: "Cuando uno está confiado siempre erra, y eso les pasó a ellos (los jugadores del Benfica), creían que lo tenían ganado". Es un error muy común, como ya lo advirtió don Rufino en sus Apuntaciones: "No erra tiro" dicen casi todos del que no marra, y a fe que es un descomunal ‘yerro’" (266). El verbo ‘errar’ es irregular en las inflexiones que empiezan por ‘e’ acentuada, la que cambian por ‘ye’. Y así, su conjugación es la siguiente: Presente de indicativo: Yerro, yerras, yerra, erramos, erráis, yerran. Presente de subjuntivo: Yerre, yerres, yerre, erremos, erréis, yerren. Imperativo: Yerra, yerre, errad, yerren. Nota: El verbo ‘errar’ significa también "ir de un lado a otro, sin rumbo". En este caso, sus inflexiones irregulares deben cambiarse por un sinónimo, ‘vagar, deambular, ‘divagar’. O, como enseña el diccionario de María Moliner, "las formas irregulares se suplen con las correspondientes de ‘andar (o ir) errante’".
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