Pedro Felipe Hoyos Körbel


Con la última conmoción política afloraron muchos interrogantes que el país deberá resolver en un futuro inmediato. Creo que es válido llamar al hundimiento de la Reforma a la Justicia un retozo democrático, terminacho creado por el general José Hilario López, Presidente de nuestro país entre los años 1849-1853, cuando nos llamábamos República de la Nueva Granada. Estos "retozos" son riesgos inherentes al sistema democrático, el cual cuando es puesto en práctica por bufones, produce esos cuellos de botella. Mas ese no es propiamente el tema de esta columna. La nación pudo percibir el triunfo de una actitud de participación en un país donde la abstención electoral es aparatosamente alta. Esta vez la apatía habitual del colombiano ante la cosa pública fue curiosamente superada. No creo que haya sido el tema y las implicaciones del asunto que propiamente movieron a los colombianos porque puede ser tan controvertida la firma de un TLC como esta Reforma a la Justicia. En este enfrentamiento democrático participó muchísima gente y fueron los medios de comunicación y la opinión pública actuando a través de las redes sociales, los que intervinieron corrigiendo el curso de las cosas. El ciudadano poseedor de un derecho constitucional como lo es el voto, descubrió otro derecho un poco relegado y abstracto ya que se delega en un vocero llamado "parlamentario", el de la voz. Esta nueva tecnología que permite masificar en instantes una posición política basándose en la rapidísima interconexión, le facilita una dimensión desconocida a la voz del ciudadano. La veloz radio y la omnipresente televisión nunca logran la sumatoria de un Facebook y menos aún los medios impresos, a pesar que lo escrito perdure y deje mayor huella. La gente opinó, se hizo sentir y ejerció a través de la unión de sus voces tanta presión que los dos grupos de malhechores, en todo el sentido de la palabra, me refiero al gobierno y al parlamento, se retractaron y el trabajo de un año de negociaciones en los pasillos más que debate, lo repudiaron dándose dramáticos golpes de pecho e inculpándose mutuamente sin percatarse que la farsa había sido descubierta (Hablo de Simón el Bobito y sus compañeros de juerga).
Pienso que en las próximas elecciones habrá cambios: este ciudadano que triunfó armado con un Facebook continuará participando en política. Esa voz (¿la voz del pueblo?) ahora consciente de su fuerza querrá perdurar y mantener su influencia. Saldrán electos parlamentarios totalmente desconocidos en el ámbito político, pero afamados y aclamados por y en las redes sociales. No se tratará del político que concibe el Facebook como un medio para hacerse publicidad a un costo bajo; de aquel político que "abre" una página tres meses antes de la elecciones y tres días después de pasados los comicios se despide de sus esquivos electores. No, se trata del verdadero comunicador identificado con ese nuevo conducto, él cual se siente a sus anchas planteado su opinión a través de la red.
Surgirán alianzas fomentadas por ciertas redes sociales que cubrían al país remedando partidos políticos para impulsar a estos nuevos candidatos, los cuales tendrán una ventaja ante los fallidos políticos habituales ya que no tienen antecedentes políticos y se mueven como peces en esas aguas virtuales. El elector incauto, carente de cultura política, confundirá de nuevo su misión y función y les dará la preferencia a estos novedosos personajes por el mero hecho de aparecer en Facebook, por hacer su campaña acorde a los protocolos establecidos en estos medios. Los logros y trayectoria de un personaje en el mundo virtual serán aún más complicados de verificar, tanto que procurarán omitir ese definitivo aspecto en cual se refleja la verdadera capacidad que tiene una persona para trabajar en pro de una comunidad o un conjunto de valores e ideales.
El país no debe confundir el afianzamiento de una nueva "herramienta" para participar en política con política en sí. Surgirán candidatos como novios y novias en las páginas de gente núbil y deseosa de compañía afectiva aparentando ser buenas personas y en muchos casos usando fotos de otros, tratando asimismo de proyectar una imagen de lo que no son en este medio que brinda un ambiguo y permisivo anonimato. El mundo virtual tiene sus bemoles y a Colombia seguramente habrá que advertirle así como lo hace un padre de familia que trata de alertar a sus hijos de las falacias y amenazas de este interesantísimo medio.
Me pregunto: ¿El nombre redes sociales viene de las conexiones que la constituyen o viene de aquel instrumento que se usa para atrapar cosas, en este caso gente, obviamente en contra de su voluntad?
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