Efrain Castaño


En una fría noche o en un cuarto oscuro cuando de repente alguien enciende una luz, de nuestro corazón surge el reconocimiento que aflora en la frase: "gracia por la luz", por haber encendido ese pequeño fuego que ha iluminado el ámbito que rodea y que sin luz a veces parecen fantasmas, pero bajo la luz muestra los destellos de belleza y esplendor.
La luz ejerce una innegable atracción para el ser humano; es casi un juego de creatividad y novedad, es iluminar lo que estaba oscuro, dar certeza de dónde estamos y por dónde podemos avanzar; es vernos mejor y sentir la unidad y la comunidad.
Desde antiguo la celebración de la luz ha sido tradición en la expresión oriental y occidental en referencia a la Fe; la historia de estas celebraciones hace buena memoria de cómo desde los primeros siglos cristianos se veía en María de Nazaret la encendedora de la luz al dar a Jesús al mundo.
En 1460 ya se tiene noticia de la celebración de la fiesta de la Inmaculada Concepción; como memoria de aquella que dio luz al salvador siendo limpia e inmaculada; el 8 de diciembre de 1854 el papa Pío IX declaró dogma y fiesta universal lo que venía desde siglos atrás como expresión de las comunidades creyentes cristianas.
Esto tiene que ver con la tradición del alumbrado del 7 y 8 de diciembre que cada año se hace en el mundo, costumbre que llegó a estas tierras americanas con la época del descubrimiento del llamado nuevo mundo.
En los archivos de Popayán debe estar el decreto real llegado a esta bella ciudad en 1762 que a la letra dice: "cada ciudad del nuevo mundo debe iluminarse en esta fecha porque la Inmaculada Concepción es la patrona de las Españas".
Por lo tanto no es de ayer la costumbre de iluminar nuestras calles, casas y andenes como símbolo de fe y de esperanza; es una expresión de regocijo y certeza de que hay luz para el camino y la historia, que no estamos a oscuras en nuestras labores de cada día.
Sabemos que la luz en aquella época era el encendido de faroles o teas que ardían con resplandor; solo en 1786 Chevreul descubre la estearina base de la parafina lo que trajo el surgimiento de las actuales velas o cirios de uso universal y que facilitan el alumbrado con mayor facilidad y mayor extensión.
Hagamos del alumbrado de este año una expresión de oración; una plegaria por cada vela, farol o lámpara encendida por la familia, la soledad de algunos, la paz para Colombia y el mundo, la iluminación para que todos trabajemos por un mundo mejor, más justo, menos violento, menos enloquecido por el egoísmo.
Es bello ver la familia reunida haciendo el encendido junto a su casa: orando juntos unos por otros, sonriendo en el abrazo de la unidad y el afecto. Gracias por la vela que usted encienda este fin de semana: es por la paz, el amor, la felicidad de todos.
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