Luis Prieto


Se puede percibir en las nuevas generaciones de Manizales, ansias de sacar a la ciudad de la medianía a la que ha sido reducida por razones diversas, no siendo la menor la abulia de sus antecesores inmediatos, que no fueron fieles a la herencia que recibieron.
Lo primero que se requiere es la solidaridad ciudadana, dispuesta a los primeros pasos que no son fáciles. Se necesitan líderes que tengan carácter de tales, cuyo liderazgo sea genético. Los líderes son de nacimiento, se adivinan desde los primeros años en la escuela primaria, en la secundaria y en la vida universitaria. Tienen el carisma para convocar a sus amigos y compañeros de estudio y naturalmente a la sociedad, que lo va rodeando y expandiendo. No resisten jefe ni patrones. Los impele la aventura y la seguridad en sí mismos. Son creadores, no empleados, actividad que desprecian.
¿Que esa clase de personas ya no existe? No es verdad. Como ya las empresas tienen alergias crecientes a las nóminas, degradadas por las juntas directivas sin excepción alguna, la operación humana que por descarte va dejando el robot y la tecnología, se ofrece por pequeñas empresas independientes, que se forman al son de las especializaciones requeridas. Es el caso de Bogotá, Medellín, Barranquilla ciudad del futuro. Inicios todas ellas para un día lograr la gran empresa.
Los líderes son los generadores de los grandes proyectos así no tengan dinero. En un conglomerado social solidario, estas personas son capaces de convencer, primero a sus coterráneos y luego a sus connacionales, del porvenir promisorio de su sueño. La sociedad anónima se instituyó para ello.
La nueva generación de Manizales tiene que producir personas de este calado. Semejantes a los producidos en un reciente pasado que todavía se recuerda. Su deber es conducir la ciudad y el departamento a producir riqueza. La producción in situ, agrícola o industrial, es la que se exporta al resto del país dando lugar a excedentes que refuerzan el capital nativo y el bien de la sociedad. El génesis del enriquecimiento antioqueño tuvo esa cuna productiva.
La solidaridad de Manizales ya se alumbra con el frente unido de sus principales fuerzas: la gobernación, la alcaldía, los empresarios, los gremios y los representantes de la actividad política. Constituyen el giro que despierta la ciudad dormida. Su arranque oportuno y decisivo significa el respeto y el tenor que esta capital merece. Un frente unido para la acción y para la reacción.
Pero Manizales tiene un gran escollo, además del renombrado aislamiento geográfico que la aísla del centro de los acontecimientos nacionales y que desanima a los inversionistas. Este gran escollo es su suelo volcánico, imposible de compactar en el lomo de dos declives pronunciados, propicios a desmoronamientos continuos y deslizamientos de proporciones de gran peligro. La expansión urbana se mantiene en entredicho azaroso.
Una gran firma de seguros de importancia internacional, sufrió grandes pérdidas en la reciente ola invernal sumadas a otras del pasado reciente, todo debido a desmoronamientos y deslizamientos de tierra. Tanto, que desde su matriz en el exterior vetó a Manizales, eliminándola de todas sus actividades.
Esta es una perversa situación que le atañe al alcalde. Al actual y a sus antecesores que no han tenido visión para enfrentar una solución terminante, dejando acumular problemas.
En esta columna, varias veces se ha tocado este tema y el suscrito personalmente con varios alcaldes anteriores que le han solicitado consejos. Se les ha dicho que un alcalde para Manizales debiera, al otro día de su posesión, estar contratando un urbanista de prestigio internacional, ojalá italiano con experiencia en sitios montañosos, para diseñar el futuro urbano de nuestra ciudad, que tiene en su perímetro extensos y bellos espacios, para una expansión urbana segura y hermosa. Un diseño que una vez aprobado por las autoridades pertinentes, fuera tenazmente obligatorio pese a opositores que indudablemente saldrán a la palestra, por intereses personales.
Si el señor Alcalde actual, joven dinámico y honesto, que merece todo el respeto de esta columna, quisiera pasar a la historia, con arresto debe asumir un proyecto como el aquí mencionado.
Ojalá el Sr. Alcalde leyera estas líneas. Una aspiración muy osada porque las profundas investigaciones del suscrito, sobre sus lectores, estos no van más allá de unos pocos miembros de su familia, no siempre alentadores.
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