Jaime Alzate


Es difícil de asimilar, pero hay que repetir con nostalgia lo que sabiamente decían nuestros abuelos: la velocidad del tiempo, sobre todo los días que pasábamos en el colegio durante nuestra niñez, era como el andar de las tortugas, eterno. Cada año duraba como si fueran tres y la llegada de las vacaciones colegiales era interminable. Después nos tocaba la época dura de estudiar en la universidad, o de comenzar a trabajar, y pasaba un poco más rápido; pero no era sino que llegáramos a los cuarenta años de edad y eso se iba como volador sin palo. El tiempo ya no nos alcanza para nada, un siquiera para hablar mal de los demás entre otras cosas porque ya no nos acordamos ni de qué, ni de quién íbamos a rajar.
Pues dicho y hecho, este año que desaparecerá en 15 días no nos dio tiempo ni de pensar en el poco futuro que nos queda. Sin embargo, analizando despacio los acontecimientos que nos ha tocado vivir, ha habido unas cuantas series de eventos sobresalientes dentro de la rutinaria existencia, unos buenos y otros menos buenos, que fueron los que más rápido empujaron el año para que se fuera volando.
No voy a ponerme a hacer un recuento del tiempo pasado, porque sería repetir lo que está a cargo de los historiadores, entre los cuales hay muchos expertos, que terminan demostrando que la experiencia no nos sirve para nada, y que lo único que sabemos hacer es repetir la misma historia para continuar marchando la mayoría de las veces de mal en peor. Por eso solo mencionaré dos temas que para mí fueron los que marcaron el paso durante este año, pues lo interesante no es ponerse a analizar lo que ya pasó, sino pararle más bolas a lo que está a punto de venirse encima tan pronto comience el 2013.
Lo primero que nos tiene en vilo es la enfermedad del vecino Chávez. Hasta el momento ningún médico o científico, ni de Cuba ni de ningún otro país del mundo, ha sido capaz de dar un diagnóstico ni medianamente acertado de lo que le está pasando al hombre, ya que eso de decir que tiene cáncer, después de todo lo que hemos visto y oído puede predecirlo cualquier parroquiano, así no haya tocado un libro de medicina.
Lo interesante es que después de casi un año, con semejante enfermedad, y cuando algunos de los más importantes especialistas del mundo se han atrevido hasta vaticinar la fecha de su posible deceso, el hombre se levanta como todo un lázaro y al otro día está ganando elecciones en Venezuela. La semana pasada, hasta misa de difuntos le dijeron, y hoy está que se vuelve a Caracas a celebrar la barrida rotunda que desde su lecho de enfermo le propinó a la oposición. Quedamos pues a la espera de lo que le pase al inmortal Bolívar criollo.
Otro asunto que nos dañó las fiestas de Navidad fue sin duda el absurdo y traicionero fallo de unos añosos individuos que demostraron una total ignorancia de los derechos del mar que durante cientos de años han regido las relaciones entre los países de cualquier latitud. Yo soy muy pesimista, a pesar de todo lo que pueda decir el gobierno, de que lleguemos a tener alguna reivindicación ante un fallo que fuimos los primeros, desde hace muchos años, en aceptar como irreversible. Con el pasar de los tiempos nos fuimos olvidando de las consecuencias casi trágicas que una decisión adversa nos podría traer y que desafortunadamente sucedió por nuestra propia culpa al olvidarnos de un problema de tal magnitud que nunca hemos debido descuidar por la magnitud de lo que estaba en juego. No ha sido este gobierno el único culpable, aunque tiene una gran responsabilidad, pues no hay duda que los gobiernos y las cancillerías de hace años son tanto o más responsables de que ahora hemos perdido nada menos que la mitad de nuestro mar Caribe.
Estos son para mi los hechos de mayor resonancia y gravedad para Colombia durante el 2012 y demuestran que a pesar de que el tiempo vuela, no se necesita mucho para que sucedan cosas que terminan amargándonos la vida y sobre las cuales poco o nada podemos hacer.
En corto tiempo sabremos sobre el desenlace de la enfermedad de Chávez, pero estoy seguro que dentro de otros 80 años todavía seguiremos protestando por el raponazo de San Andrés, y Nicaragua seguirá muerta de la risa explotando nuestros mares.
Unas felices navidades y un año nuevo sin tantos enredos.
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