Fanny Bernal Orozco


Un rey le contaba a un sabio sufí lo buenos y generosos que eran sus súbditos.
-Estás muy equivocado -le dijo el sabio. -La gente de tu reino actúa de acuerdo con las apariencias. Le dan muy poca importancia a los hechos, que son los que demuestran espíritus grandiosos.
Al oír esto, los cortesanos se enojaron y le rogaron al rey que no hiciera caso a ese falso sabio.
-Majestad, ellos dirán lo que quieran, pero en este mundo vil, todo funciona al revés: la persona más preciosa no vale nada, y la persona que no vale nada es la más preciosa.
-Demuéstramelo -dijo el rey. -Si no lo haces, mandaré que te corten la cabeza por decir cosas falsas y descabelladas. El sabio sufí invitó al rey a que se disfrazara como una persona común y así dieran una vuelta por la ciudad. Llegaron al mercado y el sabio sufí le insinuó al rey que pidiera un kilo de cerezas que habrían de servir para salvarle la vida a un enfermo muy grave.
Fueron inútiles las súplicas del rey. El comerciante, cansado de argüir con él, lo botó del lugar y le dijo que si no se iba pronto, lo sacaría a palos. -Las cosas que tiene que oír uno en la vida -mascullaba el comerciante -¿Acaso tengo cara de idiota? Estos mendigos miserables ya no saben qué inventar para engañar a uno. El rey estaba a punto de revelar su identidad, cuando el sufí se lo llevó afuera. Caminaron un buen rato y llegaron a las orillas de un río que corría crecido con las aguas del deshielo. En un descuido, el sufí le dio un empujón al rey que cayó al agua. Empezó a gritar pidiendo ayuda, pero aunque se acercaron muchos curiosos atraídos por sus gritos, nadie hizo nada. Ya estaba a punto de ahogarse, cuando un mendigo, el más harapiento de la ciudad, se lanzó al agua y salvó al rey.
Entonces el sufí se acercó al rey que temblaba de frío y de indignación, y le dijo: -¿Viste cómo es cierto lo que yo te dije? Cuando tú, que eres la persona más valiosa del reino pediste un kilo de cerezas para salvar la vida de un enfermo, no obtuviste nada y hasta estuviste a punto de que te partieran la cabeza a golpes. En cambio este mendigo, que supuestamente es la persona que menos vale en tu reino, ha expuesto su vida por ti y te ha salvado. No son las apariencias lo que cuentan, sino los hechos.
Tomado de la página: www.pedagooogia3000.info/...
Vivir de las apariencias es un estilo de vida que muchas personas han escogido para ir por el mundo; fingen actitudes, hábitos, creencias y asumen una forma de vivir que dista mucho de lo que es en realidad su mundo personal. Tienen una gran habilidad para ponerse disfraces de acuerdo con el momento y las circunstancias, son seductoras y capaces de motivar algunas acciones en las demás personas. Internamente quien vive de las apariencias, las usa como mecanismo de defensa, para no afrontar los problemas que se presenten en su vida. Tiene un velo entre su mundo interno y el externo, lo que hace muy difícil llegar a saber cómo es realmente esa persona.
En el medio social actual, es frecuente encontrar personas que asumen su forma de vivir de esta manera, no les importa fingir con tal de conseguir sus objetivos y que los vean con la apariencia que han creado para sí mismos y para los demás. Su mayor pensamiento se cifra en: ‘qué gano yo’, ya que otra de sus características es que les da dificultad compartir o dar; siempre están esperando todo de los demás.
Sin embargo lo curioso de esta situación no es que haya personas así, sino que exista un grupo que confía ciegamente en su generosidad y altruismo; si bien en la cotidianidad se generan diversos encuentros, no de todas las personas se pueden esperar gestos de solidaridad y de compasión.
Muchas veces la ayuda o la mano, la da la persona menos esperada, tal vez a la que siempre ha estado invisible, a la que jamás se le ha puesto ninguna atención, como en la historia del día de hoy.
Otro aspecto es que el medio le da mucho valor al tener, tanto que algunas personas consideran lo económico y las apariencias, factores fundamentales e imprescindibles, para entablar y consolidar las relaciones.
Por otra parte, la desgracia atrae curiosidad y morbosidad, más no necesariamente solidaridad, pues las personas no están dispuestos a ayudar o a compadecerse del dolor o las necesidades de alguien, eso solo lo hacen seres humanos con espíritus grandiosos, que muy seguramente cultivan más el ser que el tener y aparentar.
*Psicóloga
Profesora Titular Universidad de Manizales
fannybernalorozco@hotmail.com
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