Efrain Castaño


La certeza, la verdad, figuran entre las búsquedas ansiadas por el ser humano: caminar entre dudas o mentiras hace de la existencia un diario tormento, aburrimiento y pérdida de ánimo; la certeza es como roca, la duda y la mentira como arena movediza que da inseguridad, desorientación y rabia.
Quien encuentra dónde está el fundamento de todo, la roca sobre la cual edificar la vida se convierte en un realista, sólido y optimista como quien sabe de dónde viene y para dónde va. Benedicto XVI lo ha expresado así: "hoy es necesario construir la propia vida sobre cimientos sólidos, que permanezcan incluso cuando las certezas humanas se debilitan.
En realidad, puesto que "Tu palabra Señor es eterna, más estable que el cielo y la fidelidad del Señor dura de generación en generación, quien construye sobre esta palabra edifica la casa de la propia vida sobre roca" (V.D. Nro. 10).
Que Dios se manifiesta como creador y como Padre a través de múltiples obras y maneras es para nosotros verdad cierta y sobre todo que su manifestación máxima se hace en Cristo Jesús, la Palabra hecha carne.
El acontecimiento cristiano tiene una base sólida en el encuentro con Jesús de Nazareth; los testigos directos de su presencia comunicaron su experiencia en escritos que constituyen el Nuevo Testamento de la Biblia y que en los Evangelios tienen una base de certeza y verdad con testimonios históricos y arqueológicos de inmensa seriedad y profundidad en cuanto a comunicar el encuentro vivido con el Señor.
Hoy 25 de abril el calendario cristiano hace memoria de San Marcos, escritor y evangelista de especial significado para la historia de los escritos nacidos en las comunidades primitivas, las del primer siglo del inicio religioso brotado de Jesús el Nazareno.
Luigi Giussani impulsador del gran Movimiento mundial "Comunión y Liberación" ha escrito una bella y profunda obra: "los orígenes de la pretensión cristiana"; allí recalca lo expresado: la Fe cristiana no brota de un Libro sino de un encuentro real con alguien y que luego el impacto y memorias de ese encuentro fueron comunicados en los escritos bíblicos; no es literatura, es historia, es realidad, es eco de palabras y gestos captados en Jesús de Nazareth.
Vale la pena recordar que San Marcos fue compañero de andanzas evangelizadoras de dos columnas de la Iglesia primitiva, inicial: Pedro y Pablo; con ellos forjó los recuerdos más significativos de lo acontecido con Jesús; el Evangelio que Marcos escribió es como un eco de los recuerdos y compromisos de estos dos grandes apóstoles, gigantes de la fe para el mundo.
Su Evangelio es el más corto y conciso que brinda lo esencial y básico que se debe saber sobre el Señor; se lee fácilmente en hora y media y se logra así tener una visión de conjunto de las palabras y hechos de Jesús, "Luz del mundo".
La invitación es hoy muy concreta: tomar el evangelio escrito por San Marcos, leer una buena parte: es solidez, certeza, verdad.
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