Pedro Felipe Hoyos Körbel


Los primeros en definir candidato presidencial fue la agrupación política Centro Democrático liderado por el expresidente Álvaro Uribe. A pesar de que los próximos comicios, los de marzo, se elige el parlamento, estas votaciones definirán el panorama de las elecciones presidenciales. El grupo de Uribe se enfrentará al candidato de Santos, ya sea él como candidato reelegible o un hombre de su cuerda, y será el apoyo del Partido Conservador el que definiría la Presidencia.
En medio de estas argucias queda un anhelo y un planteamiento que Colombia no debería perder de vista: el proceso de paz.
Uribe y su candidato Óscar Iván Zuluaga descalifican lo adelantado por el gobierno y proponen liquidar esa iniciativa. Se aferran en su argumentación de que la guerrilla está integrada por gente mala que no es merecedora de nada. Sobre un esquema montado en solo dos colores, blanco y negro, Uribe rechaza las negociaciones de La Habana y arenga contra ellas. La pregunta es sencilla: ¿Qué propone Uribe como alternativa? ¿Continuar una guerra que él había adelantado bastante, ganado más de una batalla, pero que en ocho años de gobierno nunca pudo emitir el parte de victoria? Tipificar a la guerrilla como virulentos terroristas no facilita el entendimiento de la compleja problemática que vive el país, pues si fuesen buenos no habría que pacificarlos. Dentro de la iniciada turbulencia electoral muchos partidarios de este proceso cambiarán de bando por razones, ni siquiera políticas, sino electoreras, dejando ese esfuerzo histórico a mitad de camino. Es probable que la guerrilla haya demorado el proceso para acorralar al presidente Santos colocándolo entre la espada y la pared, lucrándose indebidamente de la coyuntura electoral y este, desesperado, acepte muchas de las inadmisibles ideas de los guerrilleros, esto con el afán de allanar el camino de su candidatura o la de su hombre de confianza. Colombia debe abrir los ojos y saber que Uribe y Santos enfrentarán y dividirán al país con el tema del proceso de paz mezclando elecciones en un tema que debe ser adelantado con total exención de presiones de esa índole.
O será que los otros posibles candidatos, Clara López del Polo o Navarro Wolf, le ofrezcan al electorado una alternativa que Uribe en su miope exaltación no percibe, sumando los votos de los colombianos a los que Santos no trasnocha, pero que sí quieren que este proceso de paz concluya, seguramente dando un paso significativo hacia el orden del país. La paz no es buena porque la traería Santos, o es mala porque no le gusta a Uribe. La paz rebasa por mucho los colores de partido o liderazgos enfrentados que pocos años atrás eran confidentes. Colombia está obligada, si quiere actuar con coherencia y madurez, a votar por la paz. Es importante concluir este proceso a pesar de sus falencias, a pesar que no se firme y los negociantes de La Habana levanten sus toldos sin haber pactado nada. No se pueden y deben dejar escombros en esa ruta que algún día será la opción del país.
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