Pedro Felipe Hoyos Körbel


Sustentado con una afable argumentación, Otto Morales, en 1995, lanzó este proyecto el cual planteaba dar un nuevo paso y, conjugando entre otros criterios sociales y ponderando lo cotidiano, orientar y aglutinar el quehacer histórico en las provincias. La iniciativa incluía reducir la política y la guerra a su justa proporción dentro de la historiografía y emancipar un sinnúmero de temáticas alternas. Un caleidoscopio de todas las escuelas historiográficas del siglo XX fue emplazado por Morales para aplicarlo a la historia provinciana colombiana. Más todo ese andamiaje después de casi 20 años se debe declarar caduco y buscar un nuevo enfoque para esta, demasiado importante, tarea.
No cabe duda que la actual historiografía regional cuenta con unos logros totalmente individuales que no siguieron la ruta trazada por Morales. Haré su recuento durante las últimas cinco décadas para demostrar la discrepancia que existe.
Abre, en los años 70, José Fernando Ocampo con "Dominio de clases en la ciudad colombiana" (1972) texto inscrito en una ortodoxia marxista que sacudió la historiografía regional con coherentes puntos de vista sobre el desarrollo social de Manizales, capital de la colonización antioqueña. Los años 80 son de escasa producción, apenas los premios de historia del año 1983 dejan traslucir alguna actividad dentro de la cual se debe destacar a Ricardo de los Ríos con "Historia del Gran Caldas: Orígenes y Colonización hasta 1850". La próxima época la marca la obra de Albeiro Valencia, profesor universitario e historiador profesional, que mantuvo en alto los estudios de historia sobre temas de incumbencia regional respetando el ítem de lo cotidiano propuesto por Morales con libros como: "Colonización, fundaciones y conflictos agrarios" (1995). Aunque la culminación de la labor investigativa de Valencia será "La Aldea encaramada" (1999), en lujosa edición, mas esta publicación mostraba falencias, ya que el autor se limitó a reproducir el antiguo libro de repartición de los solares a partir de 1850, sin hacer el urgente análisis de su contendido.
Este impasse se superó en la década siguiente con la publicación de dos gruesos volúmenes de "La Fundación de Manizales, un mito en apuros I y II" (2005 y 2007) del autodidacta Vicente Arango, editadas por Hoyos Editores. En estos dos textos Arango hace un exhaustivo análisis del documento de la repartición de los solares y en conversaciones con él llegamos a acuñar la idea de "actitud fundacional", concepto que trascendería la búsqueda de los "fundadores" al estilo español, y se enfocaría todo el fenómeno social de establecer un nuevo núcleo poblacional durante la colonización antioqueña. Arango había ganado en el año 2001 con "La endogamia de las concesiones antioqueñas" el premio de historia del Departamento.
Estrenando milenio publiqué con la editorial Tercer Mundo "Café, caminos de herradura y el poblamiento de Caldas" (2001) trabajo orientado a enriquecer el análisis de la colonización antioqueña desde un ángulo económico, temática que ya venían trabajando la antropóloga Luisa Fernanda Giraldo con "Modernización e Industrialización en el Antiguo Caldas" (2001) y el economista Jaime Vallecilla con "Café y crecimiento económico regional" (2002).
Es menester mencionar el esfuerzo del ingeniero Alfredo Cardona Tobón y presentarlo como otro seguidor de la "historia regional". Su obra, desde "Quinchía mestiza" a los "Caudillos del Desastre" (2005) y sus quincenales aportes en "Papel Salmón"; pasando por "Supía histórico" (1988), revista orientada por él, Jorge Eliécer Zapata y Fabio Vélez, aplica los lineamientos del intelectual riosuceño, especialmente cuando se trata de resaltar al protagonista "humilde" de la historia. Mas a Cardona se le debe criticar haber sucumbido al estilo periodístico, limitando el calado de sus publicaciones. Su obra es diversa, resalta siempre el aspecto social de los acontecimientos, pero es poco incisiva.
Otra importante innovación representa los libros del abogado-periodista Álvaro Gärtner. Su "Místeres en las Minas" (2005) y "El último Radical" (2009) se destacan por una nueva metodología condicionada por las fuentes que este investigador utilizó. Otro sólido impulso proviene igualmente de la banda izquierda del Cauca: "Ocupación, poblamiento y territorialidades en la Vega de Supía, 1810-1950" (2002) del arquitecto supieño Fernando González.
El texto que abre la siguiente década es el de Iván Roberto Duque "Tras las huellas de la concesión Aranzazu en la Colonización Antioqueña." (2010); texto notorio cuya presentación fue tachada de la programación en un encuentro de escritores en las provincias caldenses, actitud ridícula porque estos pacatos escritorcillos también tendrían que bajar de los anaqueles del idioma la obra de Cervantes, igualmente redactada en parte durante prisión. Estos gratuitos críticos no saben de donde surgen los grandes impulsos del ser humano. Duque analiza con detenimiento el problema de la propiedad de la tierra aplicando su nefasta experiencia en el Magdalena Medio.
Todas estas obras tienen en común versar sobre lo regional acontecido en días pretéritos y no incluir los lineamientos de Morales, a excepción de Valencia, el eterno enamorado de lo cotidiano, y de Cardona, historiador con sensibilidad social de novelista.
La "historia regional" no le cumplió a la "región" con producir las historias que vincularan a la población, desde lo local, a la gran historia. La mayor parte de esta historiografía se limitó a bosquejar cada municipio, porque ninguno posee una sólida recopilación de su pasado que se pueda llamar "historia", solo unas bizarras monografías que en mi criterio no se ajustan a exigencias verdaderas. Nunca hubo el conato de unir finalmente todos estos escasos esfuerzos y vaciarlos en el molde de d. Otto y así comprobar la comprensión y la aplicabilidad de esta propuesta. Además se debe constatar que la historia de las minorías étnicas no tuvo postor y que el investigador no se atreve mirar más allá del siglo XIX.
Creo que la historia en nuestro medio debe ser innovadora y muy ecléctica cuando se trata de sus planteamientos metodológicos, sobre todo debe hacer un grandísimo énfasis en la consecución de nuevas fuentes ubicadas usualmente en viejos archivos. Le recomendaría a la historiografía regional volver a la gran historia universal y orientarse en esos moldes para acometer el trabajo de la reseña histórica de nuestra comarca, porque "regionalmente" se está sacrificando un mundo por pulir un verso.
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