Pedro Felipe Hoyos Körbel


Colombia posee una compleja tradición democrática que se remonta a los hechos de 1810, consolidándose después del triunfo de las fuerzas republicanas, lideradas por el inmortal Bolívar, cuando vencieron al monarca español en la Batalla de Boyacá. Desde el siglo XIX nuestra Patria ha buscado su senda democrática; las guerras civiles y constituciones son expresión de esa tradición que cada vez se acerca otro trecho al ideal.
Entre los grandes logros democráticos del siglo XIX se debe destacar la separación del Estado y la Iglesia llevada a cabo durante el difícil gobierno del general Obando en 1854. Por medio de esta convicción los dos grandes poderes que interfieren en la vida de los hombres se les señalaron límites para que cada uno pudiese aportar al individuo sin crear conflictos adicionales. Así como en las plazas principales los edificios de estos poderes se encuentran uno al frente al otro, nunca sumados, esa prudente distancia facilita la vida democrática de un país. El mismo Redentor dijo que era oportuno extender al César lo que es del César. Esta separación tuvo una limitante con el Concordato celebrado entre Colombia y el Vaticano en 1886, pero que en esencia considera la religión y el gobierno político como dos entes diferentes. Fue durante la Edad Media cuando sucedió esa simbiosis entre Estado y religión católica, que fue superada por la Reforma en un comienzo, por la Ilustración y por la matriz de la democracia: la Revolución Francesa.
No cabe duda que el sistema de gobierno más vulnerable, por lo abierto, es la democracia. Su idea de referendar las decisiones por votación es un ideal del cual muchos movimientos políticos abusan, causándole inmensos destrozos. Solo se debe recordar que Hitler subió al poder por elección democrática.
Es un atentado a la democracia mezclar elementos políticos del Medioevo, época de la Inquisición y elementos de la Modernidad. No hay razón y solo personas carentes de conocimientos históricos básicos se ponen en esas campañas. Basta ver las noticias de las "repúblicas islámicas" para comprender el caos y destrucción que estos países representan. Fanatismo, fundamentalismo y muerte son los elementos clave de estos conflictos, ya que religión no se ajusta a gobierno; las teocracias han mandado al ostracismo a la razón. En estos tipos de experimentos políticos lo primero que pierde vigencia son los derechos del hombre, enseguida sigue el conflicto del sistema económico que mucho menos se ajustará a las ideas de colectividad y régimen divino. Todos esos tipos de gobierno tuvieron vigencia en la historia, pero al igual que avanza la ciencia, el hombre madura y elabora nuevos ideales.
Los valores esenciales de la democracia colombiana, su frágil filosofía, son subvertidos por movimientos como el MIRA que con mucha discreción se mueven entre las aguas revueltas de nuestra sufrida democracia, dañando lo que costó tanto trabajo, siglos, ajustar. Es hora que se le exija al MIRA actualizar sus conceptos y ponerse al día con los planteamientos básicos de democracia. Sería el colmo que el país se sujete a un ideario que considera un bien nacional y permita que agrupaciones se burlen de sus concepciones.
El país fue, de nuevo, testigo de las ideas tan desajustadas con las cuales el MIRA teje su ideología: las marchas de desagravio a la señora Piraquive no fueron para mostrarle al país su enmienda de su creencia medieval, que dice que todo lisiado está así por castigo divino de sus pecados, para ellos es una verdad esencial. A continuación buscan el amparo de nuestra Constitución para manifestar, haciendo uso del derecho de libre expresión, este tipo de anacronismos y poner en claro que no creen en la igualdad del hombre. No existe un común denominador entre los ideales democráticos colombianos y los del MIRA, la esencia está en pugna. Es hora que la Nación se haga respetar y haga claridad.
Un análisis de la ideología del MIRA concluirá en que por un aglomerado tan bizarro como este movimiento no pasa la ruta de la democracia y realización del país, nuestra nación no crecerá apoyándose en esa clase de nutrientes. Colombiano que vote por el MIRA niega todo lo planteado por Bolívar y deshecha toda la sangre y lágrimas que la Patria ha derramado en las guerras civiles, amarga escuela de nuestra vida política. Avanza el país cuando mira su historia y su camino recorrido, y no se aventura a practicar saltos ideológicos y avalar engendros de ideas que como una colcha de retazos, ni tapa la desnudez, menos protege contra el frío.
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