Fanny Bernal Orozco


Una muchacha de nombre Nadia atraía a todos los hombres que la conocían, por su belleza, sin embargo, se encontraba turbada y sola. Sucedía que tras las primeras alegrías del encuentro con sus parejas, no tardaba en encontrarles defectos y decidía postergar la propia entrega que ella ansiaba. Y así pasaba el tiempo y Nadia, no lograba satisfacer su deseo: crear una familia y disfrutar de ella.
Tanto sus padres como sus amistades, habían celebrado festejos para apoyar su amor con algunos pretendientes, pero ella, al poco tiempo de tratarlos, sentía cómo su amor se marchitaba para seguir anhelando su ideal de pareja perfecta.
Algunas personas decían que ello no dependía tanto de las cualidades de sus parejas, sino que el problema estaba en ella. Sin embargo, Nadia no podía creerlo, ya que los defectos que acababa viendo en sus compañeros eran tan evidentes que cualquier paso adelante significaría forzar demasiado las cosas. Un día, oyó hablar de un sabio que, según se decía, a todos conmovía por el consejo que encerraban sus palabras.
Aquella noche, Nadia, sin poder dormir, decidió acudir a su presencia e interpelar acerca de su propio problema. -Tal vez, se decía -me pondrá en el camino de ese hombre ideal con el que sueño.
A la mañana siguiente, llegó hasta él y tras exponerle su mala suerte, le dijo: -Necesito encontrar la pareja perfecta, se dice que vuestras palabras son sabias, y yo anhelo una solución ¿qué podéis decirme? Supongo que una persona de vuestra fama y cultura, sin duda habrá encontrado la pareja perfecta.
Aquel anciano, mirando con un brillo intenso en sus ojos, le dijo. -Bueno, te contaré mi historia: A decir verdad, pasé también mi juventud buscando a la mujer perfecta. En Egipto, encontré a una mujer bella e inteligente, con ojos verde jade, pero pronto me di cuenta de que era inconstante y egoísta. A continuación, viví en Persia y allí conocí una mujer que tenía un alma buena y generosa, pero no teníamos aficiones en común. Y así, una mujer tras otra. Al principio de conocerlas me parecía haber logrado el ‘gran encuentro’, pero pasado un tiempo, descubría que faltaba algo que mi alma anhelaba. Entre una y otra, fueron transcurriendo los años
-Un día... -dijo el anciano haciendo una emocionada pausa, -La vi resplandeciente y bella. Allí estaba la mujer que yo había buscado durante toda mi vida... Era inteligente, atractiva, generosa y amable. Lo teníamos todo en común.
-¿Y ¿Qué pasó? ¿Te casaste con ella? -replicó entusiasmada la joven.
-Bueno...-contestó el anciano, -es algo muy paradójico... La unión no pudo llevarse a cabo.
-¿Por qué? ¿por qué?,- dijo incrédula la muchacha.
-Porque al parecer, -dijo el anciano con un gran brillo en sus ojos: -Ella buscaba la pareja perfecta”.
Tomado de: www.escuelatranspersonal.com
La búsqueda de la pareja ideal está unida a una serie de imaginarios que se tejen en muchas ocasiones desde la infancia, frases que se escuchan de las personas mayores, de las figuras con las cuales cada ser humano se identifica, lecturas, gustos, vivencias, en fin, son muchos los factores que se mezclan para dar paso a la concepción de ideal. Frases como: ‘Estoy buscando mi media naranja, alguien que sea mi complemento’, son palabras usadas con alguna frecuencia, tienen implícita la idea de que solo se obtiene la sensación de integridad, al lado de una pareja y como si esto no fuera suficiente, la buscan perfecta.
Ese rastreo es curioso y a veces hasta frenético, en muchas ocasiones origina sufrimiento, ya que nadie parece ajustarse a los deseos y necesidades concebidos y en consecuencia, en muchas ocasiones se pasa de una relación a otra con resultados dramáticos y dolorosos.
Cuando se vive con la ilusión de compartir la vida con una pareja perfecta, se alimenta una quimera que no da espacio para pensar que van a existir dificultades, o cambios, por lo tanto, algunas veces cuando sucede algún asunto crítico, las relaciones se quiebran. Pero lo anterior no significa que se esté siempre alerta o en espera de que suceda lo peor, ello quiere decir es, que los vínculos son dinámicos y que por esta misma razón, se transforman en el tiempo y con la convivencia.
Cuando se busca la perfección, es necesario preguntarse: ¿Qué es la perfección? Y más aún, ¿Qué ofrece a nivel personal quién tan afanosamente la busca?
En la búsqueda de pareja, las ideas acerca de: soledad, intimidad, independencia, libertad, conexión, complicidad, adversidad, carencia afectiva, silencio, aficiones, amistades, poder personal, emociones, comunicación, entre otras, son asuntos que no solo requieren del uso de las palabras, sino que además, se deben tener claros acuerdos acerca de ellas para no desencadenar distorsiones que afecten de manera negativa la relación. Muy posiblemente, usted no halle a la pareja perfecta, pero puede disponerse para ser mejor pareja y vivir su relación, siempre como un ‘gran encuentro’.
*Psicóloga
Profesora Titular Universidad de Manizales
fannybernalorozco@hotmail.com
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