Jaime Alzate


Todos los días vemos más complicada la situación en nuestro país, y estamos en un peligroso punto de desespero que en nada nos ayuda a salir del hoyo. Por el contrario, parece que nos hundimos en la incertidumbre viendo cómo nos siguen cercando, ya no solo los grupos de narcoasesinos, las bandas criminales, la delincuencia común, la infinidad de corruptos que saquean los dineros del erario, sino hasta los criminales que cobijados con un manto dizque de aficionados al deporte, especialmente el fútbol, asesinan a sangre fría a quienes respaldan un equipo competidor.
Todo indica que estas penosas situaciones se le están saliendo de las manos al presidente Santos, quien presionado por las encuestas, cada vez con cifras más asustadoras de desfavorabilidad, ha perdido el rumbo y la nave de la nación parece navegando al garete con grave riesgo de zozobrar por falta de un capitán de mano fuerte y segura que vuelva a enrutar su destino hacia mejores horizontes. Gran parte de lo que estamos viviendo es atribuible a la situación política interna, ya que por estar inmersos en plena campaña electoral, en uno de los momentos más delicados de nuestra historia, exige que quien lleva el timón sepa con toda claridad hacia donde nos está llevando, pero desafortunadamente, todo indica que la ambición de poder y la falta de coraje para arrasar con los principales enemigos, de frente y empuñando la bandera de la patria con toda la decisión, no va a ser posible que suceda en este cuatrenio.
No se necesita sino hablar con el ciudadano de la calle para confirmar que lo que todos estamos ambicionando es alguien que en vez de sentarse a dialogar interminablemente en el país de los Castro, y a dejarse imponer vergonzosas condiciones, desista de tratar de hacer entrar en razón a quienes, con certeza, muy poquito les importa la suerte del país, pero sí mucho su propio futuro. Personas que solo piensan ir a derrochar sus inmensas fortunas en países desarrollados donde ya tienen viviendo tranquilamente a sus familias, para luego abandonar en la selva al resto de guerrilleros rasos, muchos de ellos analfabetos armados hasta los dientes, y dedicarse a una vida de sibaritas con los bienes conseguidos con la sangre de los campesinos.
Tenemos que reconocer que somos, en buena parte, responsables de nuestra propia suerte. Si los colombianos, especialmente los políticos, no reconocemos que estamos rodando hacia un precipicio sin fin, y no nos unimos en busca de conseguir la tan anhelada paz que permita que nuestros hijos puedan vivir en tranquilidad y progreso, cosa que nosotros no pudimos disfrutar, el final será convertirnos en otra nación castrochavista, como lo advirtió el doctor Uribe.
Las riñas groseras con que vienen azotándonos los políticos en medio de insultos de la más baja calaña, además de la incertidumbre que crean a nuestro alrededor, son el fuego que aviva la violencia y el vandalismo en que vivimos. Es por esto, por no saber combatir como ciudadanos libres defendiendo el gran bien de la libertad, nos arriesgamos a caer en manos de quienes, a pesar de los golpes que les han propinado nuestro Ejército y nuestra Policía, todavía se sienten respaldados por los terroristas urbanos, quienes hace poco casi arrasan con buena parte del país.
Ya se está notando, con toda la razón, la fatiga de los negociadores del gobierno en La Habana, porque eso de hablar y hablar durante sesiones interminables sin llegar a nada concreto tiene que ser desesperante. Y nosotros también estamos cansados de oír decir al doctor Santos que esto tiene que terminarse, y recibir como respuesta una grosera y atrevida carta del cabecilla Timochenko, amenazando con hacer públicos los arreglos que se había convenido serían confidenciales, demostrando así su bajeza moral.
El gobierno no puede dejarse chantajear ni un solo minuto más, porque tampoco es posible que sigamos aguantando la burla socarrona que se esboza detrás de la actitud traicionera de una manada de apátridas.
P.D.: La inactividad sexual es muy peligrosa: produce cuernos.
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