Efrain Castaño


El cabello ha tenido para el ser humano alta significación; tenerlo sucio o desarreglado da una sensación de descuido; limpio y en su punto da presentación agradable.
Dejarlo crecer o recortarlo han sido en la historia humana signos y actitudes; los nazarenos hebreos se dejaban el cabello largo como actitud de consagración a Dios, de pertenencia al pueblo, de ocupar un lugar especial en el servicio religioso o social; para otras culturas cortar el cabello ha sido signo de ofrenda a Dios como renuncia a toda vanidad; la tonsura usada durante siglos en los hombres y el corte de unos mechones de pelo en la consagración de las monjas dicen de entrega total.
La astuta Dalila en la narración bíblica corta el cabello a Sansón y le debilita su papel como juez; el mismo Cristo habla del amor de Dios a su criatura anotando que "hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados"; detalle de un cuidado exquisito.
Vale la pena ocuparnos hoy de quienes se dedican al cuidado del cabello en forma profesional; hoy 28 de agosto es el Día del Peluquero, de aquel o aquella que se hace tan amigo y a quien le confiamos el cuidado de nuestro cabello en el corte adecuado.
El peluquero, él o ella, es artista de verdad; con habilidad sorprendente hace de nuestra cabellera parte de nuestra cabeza, ornato que toma mil formas según el querer de quien entrega la presentación externa al gusto de quien ejerce la peluquería.
Hoy debemos gratitud a estos profesionales que ponen estilo a nuestra cabellera; que mientras nos conversan de todos los temas de actualidad van organizando el cabello poniendo elegancia en nuestra presentación.
Carlos Castro Saavedra en su "elogio de los oficios" habla de manera tan bella y descriptiva de la peluquería que vale la pena recordar algunas de sus sabias y elegantes notas.
"Cuando nos sentamos en las sillas de las peluquerías nos volvemos un poco niños, hijos de los peluqueros. Estos a su turno se vuelven un poco padres y nos cortan el pelo con amor y nos peinan con calma y sabiduría como para enviarnos a una fiesta: a la extraña fiesta de la vida".
"Hermosa es la lección de los peluqueros; ellos insisten en que es posible renacer siempre y con su trabajo modesto y humano abren caminos a la luz que atesora el hombre y devuelven a las cabezas su esplendor. A su manera predican optimismo y enseñan a sus hijos, que son sus clientes, a tener fe en la vida y a remover la oscuridad que se amontona sobre la frente".
"La peluquería es un oficio blanco y tibio de la humanidad. Oficio de hombres buenos y pacíficos en cuyas manos cantan las tijeras como un pájaro de metal con dos alas brillantes".
Hoy es un día para agradecer a estos buenos amigos, los artistas de la peluquería amigable y fraterna; ellos son como jardineros del pelo que con el rato que nos dedican arreglan y embellecen algo de nuestra vida.
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