Efrain Castaño


En este tiempo recorremos calles, avenidas, parques y encontramos que en la Navidad lucen muchos árboles que adornan la época que se celebra; luces, faroles, cintas, globos plásticos, figuras pequeñas sirven de ornato al bello árbol.
En el recorrido me llamó la atención el árbol puesto en una esquina: no tenía luces, lucía opaco, como oscuro el mensaje que emitía; el árbol en mención no tenía adornos alusivos a la Navidad sino que colgaban de sus ramas empaques vacíos de un significado negativo y perverso para este tiempo: colgaban cajas vacías de licor, de aguardiente.
Me da la impresión de ver un anti árbol de Navidad, un árbol opaco en todo sentido y oscuro en su mensaje; sentí entre vergüenza y un poco de desconcierto; ¿qué enlace puede haber entre la Navidad, el regalo navideño y el licor?; a todas luces contradice el sentido de la verdadera fiesta de la Navidad.
Ese árbol da razón a todos los críticos de la Iglesia y de la Religión como Fernando Vallejo, quien en medio de su irreverencia dice a veces verdades que duelen como el constatar la falta de coherencia entre lo que se cree y se hace, entre la palabra y la acción, la Fe y la vida.
Anota Vallejo que "estamos en un país cristiano... de malos cristianos: oportunistas, egoístas, rencorosos, envidiosos, rezanderos de bla-bla, rapaces, ladrones, matones".
Confundir la Navidad y la celebración de la presencia de Dios entre los hombres desde la humildad y santidad con invitación a tomar licor con todas sus consecuencias, no deja de ser o una profunda ignorancia o una falta de tomar en su recto sentido las actitudes que se requieren para celebrar.
Creer que una fiesta religiosa puede ser ocasión para desmanes e irresponsabilidades como las brotadas del licor es en todo caso una necedad y un desvío de la significación esencial de una tan bella festividad.
La Navidad necesita una revisión a fondo para su celebración, porque en verdad que está perdiendo su profundo contenido de Fe con las consecuencias de seguimiento de la Palabra hecha carne en Jesús de Nazaret.
Por qué será que tendemos siempre a desviar el contenido de nuestros compromisos vitales, de nuestras fiestas y celebraciones; estamos obrando de tal manera que los momentos de gozo se están convirtiendo en salidas falsas hacia el derroche, el aumento irracional de consumo de licor, comida y entretenimiento.
Ojalá que la Feria que estamos celebrando no sea un desvío de comportamiento cívico, fraterno, con actitudes de acogida, hospitalidad, amabilidad.
No solo los organizadores de estas fiestas son los responsables de su éxito, sino que cada uno con su comportamiento cívico puede hacer de nuestra Feria una fiesta social, familiar y sana.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015