Fanny Bernal Orozco


En Babilonia vivía un rico mercader que poseía tal habilidad en el arte de las transacciones que conseguía aquello que, en cada momento, más le interesaba. Sin embargo Afrasiab, tenía dos grandes. La primera se trataba de su negocio, tenía la sospecha de que los que para él trabajaban no eran de fiar y la segunda, era acerca de su bella mujer a la que consideraba una buena esposa, pero pensaba que era embaucable, por lo que no confiaba en su fidelidad.
Afrasiab vivía entre ambos mundos tratando de controlar y vigilar... cuando observaba a sus empleados, interpretaba en tales rostros, las señales del ladrón. Por otra parte, cuando vigilaba los pasos de su esposa, todo le indicaba que ocultaba algo. La manera de bajar la voz, sus silencios y miradas melancólicas al horizonte.
Un día decidió poner fin a esta amargura, así que decidió encargar una investigación de las cuentas de su negocio, de manera que se pusiesen al descubierto las anomalías que sospechaba. Y por otra, encargó a un criado que siguiera los pasos de su esposa, a fin de confirmar lo que parecía evidente.
Tras tres semanas conoció que sus empleados eran inocentes y, su mujer resultaba tener el comportamiento ejemplar y correcto. Luego, observó que los gestos de sus empleados, no parecían actitudes de ocultación, y los tonos de voz y las miradas que le dirigían, ya no le eran tan sospechosas, ¡Curioso! Pensaba.
Más tarde, al llegar a su casa y compartir junto a su esposa resultó que sus referencias a las salidas que ella había realizado ya no tenían el tinte de ocultación que antes era obvio. Todo había cambiado.
En ese momento de silencio meditativo, se oyó la melodía de un poeta que rasgando su guitarra decía: ‘El que tiene en la frente un martillo, no ve más que clavos’.
Tomado de: www.escuelatranspersonal.com
Tanto la desconfianza como la amargura son emociones perturbadoras, que impiden ver con claridad lo que está sucediendo alrededor o dentro de sí mismo, algunas personas asumen que lo único que pueden hacer para vivir mejor, es reprimir lo que sienten, pocas veces han pensado que antes que ocultar o suprimir, lo que se podría hacer es transformar.
Hay emociones transitorias, y no dejan huellas importantes en la memoria, mientras que otras no solo perduran en el tiempo, sino que tienen una alta dosis de sufrimiento, lo que altera el diario vivir y la calidad de vida de cualquier ser humano. Como Afrasiab, viven muchos hombres y mujeres que se la pasan rumiando y moliendo su desconfianza y amargura y de paso vulneran la vida a las personas con las que se relacionan.
Aprender de las emociones y cómo éstas se convierten en obstáculos o recursos, es un asunto muy importante para cualquier persona, es entender que ellas, no se controlan o transforman desde afuera, sino que es una tarea desde adentr, que requiere de paciencia y dedicación; es como el tiempo que un alfarero le invierte a cada una de sus obras de arte, es cuestión de reconocer, y resignificar las experiencias que con todo y emociones se tornan en una pesada carga la cual, se lleva o arrastra por el sendero de la vida.
De igual manera, vale la pena decir, que las emociones no piden permiso, ni siquiera avisan para llegar. ¡no!, ellas irrumpen, invaden y se instalan, y cuando menos se piensa, hay una explosión de sensaciones que cuesta trabajo definir y afrontar de manera adecuada, ya que tienen además la particularidad de ser cambiantes y se mezclan sin consideración.
Le invito a que responda las siguientes preguntas: -¿Envenena sus relaciones? -¿Sus seres queridos dudan de usted? -¿En su vida ha dejado instalar la amargura? -¿Se parece a Afrasiab?-¿Qué prefiere, el sufrimiento o la armonía?-¿En su vida, alguna vez ha asumido el papel de martillo, o de clavo?.
*Psicóloga
Profesora Titular Universidad de Manizales
fannybernalorozco@hotmail.com
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