Luis Prieto


La elección de Óscar Iván Zuluaga como candidato presidencial por el Centro Democrático es un paso importante en el esquema de las campañas para la elección del presidente de Colombia en 2014.
Es un profesional serio, honesto, con conocimiento de la vida pública. Con un recorrido iniciado desde la alcaldía de su ciudad, posteriormente congresista y ministro de Hacienda. Sus experiencias lo acreditan para asumir las condiciones para ser Presidente de Colombia.
A pesar de sus virtudes, las encuestas de opinión no lo han favorecido. Los índices han sido bajos.
Su suerte estará unida a un esfuerzo personal exprés en estos siete meses, al prestigio del expresidente Uribe y a la capacidad de transferencia de votos que esta dependencia le pueda proporcionar.
Si Óscar Iván Zuluaga llega a la Casa de Nariño, será un buen presidente. Para Caldas su presencia en esta posibilidad y seguramente realidad, ha sido lo mejor que le ha podido pasar a lo largo de su historia. Todas las gentes de Caldas deben estar listas a un apoyo total y a depositar en sus urnas, masivamente, sus votos por encima de cualquier consideración política.
Las conversaciones de paz con la guerrilla serán cruciales en las campañas presidenciales por venir. Conversaciones que comprometen acuerdos que los colombianos ignoran. Adivinan algo, por expresiones subliminales del presidente y las tímidas del señor De la Calle.
Cuando estos encuentros se pusieron en marcha, la sensación transmitida al pueblo de Colombia era diferente a la actual. Entonces el momento era propicio, las fuerzas guerrilleras estaban reducidas a sus madrigueras, las bajas terroristas cuantiosas, los desmovilizados diarios aumentaban en número significativo.
Entonces el entorno era apropiado para unas posibles condescendencias, dentro de las leyes nacionales. Teniendo en cuenta que la contraparte eran unos terroristas asesinos arrinconados. Por eso, una agenda concreta ofrecida por el gobierno y acordada por los jefes guerrilleros en encuentros con representantes oficiales, comandados por un hermano del señor presidente.
Después de un año infructuoso, el ambiente es diferente. Los terroristas han tomado la vanguardia. Como era de esperarse por las experiencias vividas, estos jefes subversivos no tienen interés en un acuerdo de paz. No representan todos los diferentes grupos alzados en armas. Su negocio del narcotráfico, su prioridad, conspira contra cualquier acuerdo institucional. La vida de su cúpula es opípara. Sus jefes viven, en su mayoría, fuera del país, radicados y protegidos en Venezuela. Muchos ya de edad avanzada, multimillonarios como producto del mercado de la coca y de su tráfico, fecundo negocio que no abandonarán.
Hoy día esa contraparte se siente dueña de las conversaciones en La Habana. Manejan la agenda y muchos actos propios de la autoridad del Estado, se supeditan a un acuerdo previo con los guerrilleros. Hacen política interna y externa, a diestra y siniestra, con la ayuda de los medios de comunicación siempre prestos a acolitarlos con sus micrófonos. Faltan al respeto con el presidente y con altanería le anuncian que el tiempo de discusión no es el presidencial, sino indefinido y a su disposición. Su actividad terrorista renovada azota pueblos, carreteras y caminos sin descanso.
Este columnista está seguro de que lo escrito representa los sentimientos de la mayoría de los colombianos. Es necesario confiar que son percibidos por el presidente, que no puede errar en este proceso con el cual se está jugando su prestigio político por el resto de su vida.
Su reciente referencia del día jueves a las conversaciones con jefes guerrilleros fue para informar el acuerdo, en el punto 2 de la agenda, convenido con estas gentes y que se refiere a la participación de los insurgentes en política. La palabra acuerdo no es la adecuada bajo la máxima directriz de que nada está acordado hasta que todo esté acordado.
El mensaje presidencial no fue concreto y esta participación guerrillera en la vida política colombiana quedó desplazada para discutirla unida al punto sobre narcotráfico. Las gentes quedan expectantes y nerviosas sobre el peligro de la posible transfiguración de asesinos de lesa humanidad en parlamentarios ejemplares.
Los otros temas anunciados por el presidente tienen aceptación universal. La mayoría han estado en vigencia desde años atrás.
Pero hay que confiar en el presidente y en su honestidad nunca en duda, y que corresponderá al mayor anhelo del pueblo colombiano que es la paz.
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