Fanny Bernal Orozco


Era un padre de familia. Había conseguido unas buenas condiciones de vida y enviudó después de que sus hijos se hicieron mayores y encauzaran sus propias vidas. Siempre había acariciado la idea de dedicarse a la búsqueda espiritual y poder llegar a sentir la unidad con la Conciencia Universal. Ahora que ya no tenía obligaciones familiares, decidió visitar a un yogui y ponerlo al corriente de sus inquietudes, pidiéndole también consejo espiritual.
El maestro vivía cerca de un río, cubriendo su cuerpo con un taparrabos y alimentándose de aquello que le daban algunos devotos. Vivía en paz consigo mismo y con los demás. Sonrió apaciblemente cuando llegó hasta él el hombre de hogar.
-¿En qué puedo ayudarte? -Venerable maestro, ¿cómo podría yo llegar a percibir la Mente Universal y hacerme uno con Ella?
El maestro ordenó:
-Acompáñame.
El maestro condujo al hombre hasta el río. Allí le dijo:
-Agáchate.
Así lo hizo el hombre y, al punto, el maestro lo agarró fuertemente por la cabeza y lo sumergió en el agua hasta llevarlo al borde del desmayo. Por fin permitió que el hombre, en sus denodados forcejeos, sacara la cabeza. Entonces, le preguntó:
-¿Qué has sentido?
-Una extraordinaria necesidad y ansia de aire.
-Pues cuando tengas esa misma ansia de la Mente Universal, podrás aprender a percibirla y hacerte uno con ella.
Tomado del libro: ‘101 Cuentos Espirituales de la India’ por Ramiro Calle.
Entre las tradiciones de final y principio de año, se encuentra la de hacer una lista de objetivos que se quieren conseguir para el año que comienza; para ello se piensa en lo que se ha logrado en el año que termina y en los asuntos que no pudieron alcanzarse. Este ritual que algunas veces va unido a la evaluación de lo acontecido, permite enfocar la atención en las cosas que han quedado pendientes y si se quiere también en cómo mejorar o fortalecer algunas actitudes de vida.
Sin embargo, muchas personas al hacer este análisis se dan cuenta, de que han pospuesto muchos de los asuntos que tenían en su mente para realizar y que además, el tiempo pasa inexorable y sin ninguna consideración.
Y es que mientras algunos seres humanos se empeñan con tesón a trabajar por lo que quieren, haciendo uso de la voluntad y la motivación, otros creen que solo basta con desear para que lo que quieren se haga realidad y es por ello, que al final del año, su lista es igual a la del año anterior, lo que ocasiona sentimientos de frustración y desconsuelo.
Hay logros que se obtienen como fruto de paciencia y persistencia, dos valores escasos en la sociedad actual, la cual se inclina por lo que se consiga fácil y sin mucho esfuerzo, pues su nivel de tolerancia a la frustración es cada vez menor.
Así, entonces, estudiar, trabajar, tener una familia, conservar las amistades, hacer uso de los talentos innatos, todo esto requiere responsabilidad y disciplina; se podrán escribir miles de deseos y echarlos al viento, pero si estos carecen de acciones claras y concretas, jamás harán parte de la realidad cotidiana de ninguna persona.
Por lo tanto, se podrá ir donde muchos maestros y estos quizás tengan el tiempo y la sabiduría para mostrar diferentes caminos, no obstante el cultivar un mundo emocional y espiritual mejor, es una práctica particular e individual y es el fruto de la experiencia de vida de cada ser humano, en esos rituales que tienen como objetivo, hacer más amable y humana la existencia.
*Psicóloga
fannybernalorozco@hotmail.com
Profesora Titular Universidad de Manizales.
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