Fanny Bernal Orozco


Era un gran negociante y también un hombre religioso. Al morir su esposa, abandonó los negocios en manos de su hijo y pensó en dedicarse a la meditación, ya que a pesar de sus muchas riquezas, no había hallado la paz espiritual. Antes de tomar esta decisión, quiso viajar por algunos países y se desplazó hasta Tailandia. Entró en un templo y observó que junto al altar, los fieles habían puesto dinero, una casita y un coche en miniatura.
-¿Qué significa todo esto? -preguntó el negociante. Uno de los devotos contestó:
-Se trata de un funeral. Los deudos ponen dinero, una casita y un coche en miniatura para que el muerto, en su próxima vida, no carezca de tales posesiones.
-¡Es lamentable hasta dónde puede llegar la superstición!, -se dijo el viajero.
El negociante regreso a su hogar. Semanas después del viaje y mientras organizaba todos sus asuntos para dejarlos en manos de su hijo, se dijo:
-¿Y si fuera verdad? ¿Y si se consiguiera una vida con mayores comodidades y lujos? Intentó olvidar la idea, pero no le resultaba posible, y una y otra vez volvían los mismos pensamientos.
Una tarde, el negociante se dirigió a su hijo para decirle: -Querido hijo, cuando muera, deseo que el día de mi funeral coloques en el altar un coche en miniatura, una casita y algo de dinero. De este modo si vuelvo a nacer, tendré una existencia confortable.
El hijo, que no ignoraba esta creencia, replicó: -Padre, creía que lo dejas todo para intentar alcanzar la iluminación definitiva. Y, sin embargo, resulta que te preocupas ahora por asegurarte una próxima vida llena de lujos.
El padre se dio cuenta de su debilidad y, avergonzado, le dijo a su hijo: -¡Cuánta razón te asiste, hijo mío! Por unos momentos he sido tentado. Si no logro liberarme de esta vida, te ruego que en mi altar funerario, cuando muera, coloques tan solo una flor. Así renaceré en una flor, libre de apegos, de ego y de maldad.
Durante años, el hombre se dedicó a la práctica de la meditación y la evolución del espíritu, y consiguió un estado de gran pureza mental, pero nadie puede saber si alcanzó la liberación definitiva.
Tomado de ‘Cincuenta cuentos para meditar y regalar’. Por Ramiro A. Calle.
Algunas personas piensan que existe otra vida, y que la manera como viven, influye y afecta la experiencia que según ellos, van a alcanzar después de la muerte. Consideran con gran seguridad que si su tránsito por esta tierra está signado por el sufrimiento, las carencias y la falta de alegría, en esa misma proporción, tendrán recompensa después de que ocurra el final de su dramática existencia.
Si bien son opiniones respetables, también es cierto que existen muchas otras maneras de asumir el diario caminar. Cuando las personas se quedan en la orilla del sufrimiento, echan anclas y difícilmente pondrán la mirada en otros puertos. Lo anterior no significa que no exista el sufrimiento, lo que no se puede hacer es identificarse de tal forma con estas emociones y que se conviertan en un obstáculo para vivir otras experiencias.
El horizonte para cualquier persona es amplio y generoso, no obstante algunos no ven sino un pedacito de lo que se encuentra delante de sus ojos. Dejan por lo tanto de dar y recibir, de reflexionar y aprender, de transformar y dejar ir. Quién invierte el tiempo solo pensando en lo que le espera después de la muerte, hace a un lado la posibilidad de vivir momentos que pueden ser maravillosos especialmente los que se viven con los seres queridos. Dicen que al morir, losindividuos solo se llevan lo que han dado y no se puede dar lo mejor que se tiene a los demás seres humanos, si lo que se ha sembrado está abonado solo con semillas de sufrimiento.
Por otra parte, a pesar del miedo que en muchas oportunidades inspiran algunas creencias, es importante saber que si usted ha sido una persona controladora en esta existencia, no tiene ninguna certeza de que también lo podrá ser en la otra vida, así tenga muchas cosas planeadas y no quiera dejar nada al azar, como lo pensó el personaje de esta historia; una persona que muy a pesar de sus creencias religiosas siente temor al pensar que quizás luego de su muerte no podrá gozar los lujos y comodidades de los que está disfrutando en esta vida.
Desapegarse de las cosas que se han conseguido durante el transcurso del día a día, no es un asunto fácil, así como tampoco lo es, el pensar que después de la muerte, alguien va a usar sus cosas personales, o va a abrir sus cajones o a conocer los secretos, el solo imaginarlo a algunos, les genera desasosiego. Quizás la mejor manera de prepararse para la otra vida, si es que ella existe, es dando lo mejor de sí mismo en cualquier momento por simple que sea, y vivir esta existencia con plenitud de sentido.
*Psicóloga
Profesora Titular Universidad de Manizales
fannybernalorozco@hotmail.com
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