Fanny Bernal Orozco


Hace muchos años, vivía un hombre que era capaz de amar y perdonar a todos los que encontraba en su camino. Por esta razón, Dios envió a un ángel para que hablara con él.
-Dios, me pidió que viniera a visitarte y que te manifestara que él quiere recompensarte por tu bondad, dijo el ángel. -Cualquier gracia que desees, te será concedida.
-¿Te gustaría tener el don de curar?
-De ninguna manera, respondió el hombre, prefiero que el propio Dios elija a aquellos que deben ser curados. -¿Y qué te parecería atraer a los pecadores hacia el camino de la verdad?
-Esa es una tarea de los ángeles como tú. Yo no quiero que nadie me venere, ni tener que dar el ejemplo todo el tiempo.
-No puedo volver al cielo sin haberte concedido un milagro. Si no elijes, te verás obligado a aceptar uno. El hombre reflexionó un momento y terminó por responder:
-Entonces deseo que el bien, se haga por mi intermedio, pero sin que nadie se de cuenta, ni yo mismo porque podría pecar por vanidoso.
Y el ángel hizo que la sombra del hombre tuviera poder de curar, pero sólo cuando el sol estuviese dándole en el rostro. De esta manera, por dondequiera que pasaba, los enfermos se curaban, la tierra volvía a ser fértil y las personas tristes recuperaban la alegría.
El hombre caminó muchos años por la tierra, sin darse cuenta de los milagros que realizaba, porque cuando estaba de frente al sol, tenía a su sombra atrás. De esta manera, pudo vivir y morir sin tener conciencia de su propia santidad.
Cuento narrado por Paulo Coelho.
Esta historia invita a pensar y reflexionar acerca de los actos de bondad y de vanidad que se viven a diario en la vida cotidiana y cuáles son las emociones que más se cultivan.
Las emociones permiten saber cuál es la percepción que se tiene del entorno, a pesar de que muchas de estas manifestaciones, parezcan simples y sencillas; la manera de reaccionar de un ser humano, ante una situación específica es el fruto de complejos procesos neuroquímicos y cognitivos, unidos éstos al estado de conciencia que se asuma ante un asunto personal y particular.
Así, entonces las emociones, son estados mentales generados por estímulos internos y externos de diversa índole. Estar alerta y aprender a conocerlas, es una tarea que facilita las relaciones consigo mismo y con las demás personas.
Observar, escuchar, analizar, reflexionar, cambiar, trascender, podrían ser verbos que al conjugarlos en primera persona, se convierten en herramientas y recursos de gran importancia en la tarea de cultivar de forma sana las emociones.
Por ejemplo, en esta cultura, se fomenta de una manera determinante la vanidad; mujeres y hombres invierten tiempo, dinero en ello, allí cifran su felicidad, siempre tienen metas para cumplir, difícilmente alcanzan la plenitud. El ego es un consumidor desorbitante, pocas veces se siente satisfecho, tanto en el tema de la vanidad física, como en la necesidad de alabanzas, lisonjas y reconocimientos del mundo exterior. Es insaciable…
-¿Será que cultivar bondad, es así de costoso?
¡No!, la bondad surge como un gesto de motivación, hacia algo o alguien, y ésta también hay que ararla; surge de la empatía, la solidaridad y el respeto por los otros. La persona bondadosa es como el hombre de esta historia, ayuda pero no quiere placas, titulares, agasajos, medallas, ni condecoraciones, le basta con saber que lo está haciendo.
La mayoría de los actos de ‘Bien’ y de ‘Bondad’, no cuestan nada y generan una profunda satisfacción, diferente claro esta a la que produce la vanidad.
-¿Usted a cuál de éstas emociones y valores le invierte un poco de su tiempo en la vida diaria?
*Psicóloga
fannybernalorozco@hotmail.com
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