Fanny Bernal Orozco


Existió en algún lugar del planeta y se volvió a ver en la actualidad, una ciudad en donde nadie usaba la palabra: gracias. Solo daban órdenes y no pedían favores. Ya no se podía diferenciar entre quién era el intendente, policía o el ciudadano.
La gente era fría y sólo existían peleas por todos lados. Era tan fea la realidad que vivían, que estaban aislados de todo el mundo, pues nadie los quería. Decían que eran todos extremadamente irrespetuosos.
Un buen día, un sabio pasó por esa ciudad. Iba de paso, pero se le hizo de noche y decidió buscar un lugar en dónde pasar la noche. Al entrar en ese territorio, notó algo raro, pero no sabía qué era. Fue a un hotel y pidió una habitación.
Luego de que se la dieron agradeció al conserje. Éste lo miró medio raro. Cuando llegó a la habitación, le dejó propina al cadete y también le agradeció. Recibió la misma respuesta, lo miró turbado y se fue sin decir nada.
Al día siguiente, al sabio se le ocurrió dar un paseo por la ciudad y notó que nadie daba las gracias. Pensó entonces ir al gobierno del lugar para hablar con el intendente. Luego de esperar unas horas, al fin pudo hablar con él.
-He notado que tiene un serio problema en su ciudad señor: ¡Nadie sabe agradecer ni decir gracias! -Puede ser –contestó
-¿Y cuál es su solución?
-Pues eduque a todos sus ciudadanos para que aprendan a agradecer, así el respeto por el otro crecerá y disminuirá la violencia y el desprecio.
Pasaron los años, y el mismo sabio volvió a la ciudad para ver qué había sucedido. Notó que todo había cambiado. Eran las personas más respetuosas y simpáticas que había visto. Enseguida se dirigió hacia el intendente para hablar con él. Cuando estuvieron juntos, el intendente le dijo:
-La verdad, toda la ciudad está endeudada con usted. Dar las gracias no solo hace que aparezca el respeto por la otra persona, sino que también las personas son más simpáticas, amables y valoran más lo que tienen también porque son agradecidas con lo que Dios y la vida les da. Nunca imaginé que una sola palabra significara tanto.
Tomado de Internet. http://www.taringa.net/
Hay tareas muy bellas en la vida y una de ellas es educar, la historia de hoy invita a enseñar a agradecer. Quizás se piense que es ésta una materia simple y la más fácil de las asignaturas que se cursa durante la vida, tal vez porque la palabra gracias cuando se pronuncia muchas veces hace parte de un hábito que se repite y repite sin reflexión, ni conciencia de lo que se está expresando.
Manifestar gratitud por la vida y lo que se vive, hace parte de la sensibilidad y de la riqueza del mundo interior que tienen algunos seres humanos, pues mientras unos agradecen, otros maldicen, no ven nada bueno, sus palabras son reproches y culpan al mundo que les rodea de sus desdichas, se encuentran paralizados en su camino, no son capaces de avanzar.
Por el contrario las personas que agradecen, tienen un claro principio de realidad con cada una de sus experiencias y saben aprovechar tanto lo adecuado y sano, como lo inadecuado y que produce desasosiego.
Saben que cuentan con la fortaleza para sortear los desafíos y los retos y tienen la bondad del corazón para agradecer cada experiencia por difícil que sea, ya que tienen la certeza de que, a través de cada una de ellas, se están tallando, como si fueran la más maravillosa joya.
Algunos terapeutas afirman que agradecer sube la autoestima, genera autoconfianza, sensación de bienestar y satisfacción y ayuda a sanar algunos sucesos emocionales, además que al expresarla a otras personas se les está haciendo reconocimiento por sus acciones.
Hay un ejercicio terapéutico que consiste en llevar un diario de gratitud, dónde se consignan, ojalá diariamente, los momentos por los que se sienta que hay que agradecer.
-¿Usted que lee esta columna, tiene en este día, acciones para agradecer?
-¿Con cuánta frecuencia agradece usted?
-¿Tiene asuntos pendientes con sus seres queridos para agradecer?
La gratitud, va unida a la humildad, una persona soberbia no agradece, su ego está tan distorsionado que es incapaz de ver, eso significa que carece de la habilidad para apreciar todo el inmenso mundo que se mueve a su alrededor.
Educar en la gratitud desde los primeros años de vida en los espacios familiares y como parte de los aprendizajes escolares, es tender puentes de respeto y reconocimiento hacia los demás seres humanos, mientras se multiplican el bienestar emocional y la satisfacción personal.
*Psicóloga
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