Fanny Bernal Orozco


Cada año, en una lejana ciudad, se celebraba un concurso para premiar al agricultor que cultivara las mejores mazorcas de maíz en todo el valle. Cientos de campesinos se preparaban para lograrlo, pero los resultados de sus esfuerzos no eran tan buenos: las mazorcas resultaban pálidas, pequeñas o secas.
Cuando llegó el día del concurso, al que arribaron varios agricultores. A todos les sorprendió la participación de un joven que se presentó como Avediz. Lo que más llamó su atención fue el paquete de mazorcas que llevaba consigo, eran grandes, fuertes, de granos jugosos y dorados: el maíz ideal con el que todos habían soñado.
Al hacer su evaluación, los miembros del jurado no dudaron en reconocer que las mazorcas de Avediz eran las mejores y le otorgaron el premio que consistía en una medalla y un diploma. Pero lo más importante es que por haber triunfado, las autoridades de los pueblos del valle se comprometían a comprar sólo las mazorcas de Avediz y evitar las de los otros agricultores.
Avediz fue llamado al frente para recibir el premio y se acercó cargando un pesado costal.
-Por favor formen una fila -les solicitó. Todos creyeron que los haría ver, uno a uno, la calidad de sus mazorcas, y sólo algunos lo obedecieron. Cuando la fila tenía diez o doce personas, Avediz metió la mano al costal y comenzó a sacar pequeñas bolsas que entregaba a cada uno. En ellas había numerosas semillas de esa increíble planta de maíz que daba las mejores mazorcas de la región.
Uno de los miembros del jurado se acercó gritando:
-¿Te has vuelto loco? Si les das esas semillas todos tendrán un maíz igual al tuyo y perderás un gran negocio
Avediz explicó:
-Las plantas crecen gracias al polen que el viento lleva de un lado al otro. Como todos nuestros maizales están en el mismo valle, es muy posible que en mi plantío pronto crezca el maíz de baja calidad que crece en el de todos ustedes. En cambio, si yo les doy estas semillas ustedes tendrán una excelente cosecha y la mía no perderá calidad. En otras palabras, yo sólo puedo estar bien si ustedes están bien.
Tomado de http://www.esmas.com/fundaciontelevisa/valores/pages/cuentos.html
Causa sorpresa encontrar una persona desapegada, más aún de sus bienes materiales. Se invierte tanto tiempo, trabajo, energía, en conseguir y cuidar lo que se va acumulando por la senda del vivir, que difícilmente queda tiempo para ser generoso con los demás.
El desapego es una actitud del vivir. Existe una frase que contiene una fuerte invitación a reflexionar sobre este tema: “No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”.
Esto no significa que se deba vivir en la miseria, no, por el contrario, es precisamente tener la capacidad de mirar a los otros con el respeto que merecen, poniéndoles en un lugar que visibilice su presencia.
Cuando se ignoran las necesidades de los seres que nos rodean y se hace caso omiso de ellas pudiendo asumir gestos generosos, se está perdiendo una oportunidad de crecimiento emocional y espiritual inmensa. Compartir o atesorar, para estas dos acciones se requiere voluntad y esfuerzo.
El desapego también es aprender a renunciar a la mortificación que produce el querer tener otras cosas, ascensos, felicitaciones, dinero; y no obtenerlas, es asimilar la experiencia y aceptarla, sin resistencia, ni negaciones, es fluir con los acontecimientos sin que éstos le roben su paz interior.
Muchas personas viven casi que en una competencia con las cosas que tienen que ver con el consumo y la moda. Miran a su alrededor y cada vez tienen más necesidades, de marcas, sitios, estilos, modas, viven comparándose permanentemente con los demás de forma ansiosa y enfermiza.
-¿Ha escuchado o dicho, estas palabras? -¿Pero cómo Dios me hace esto?
Hay que aprender a aligerar el equipaje. Usted puede ser como Avediz, que no se quedó parado alimentando su triunfo. ¡No! Corrió dónde los demás y de manera asertiva compartió sus logros, asumió que la vida se vivía mejor si todos sembraban buenas y mejores semillas.
-¿Qué semillas tiene usted hoy para compartir?
*Psicóloga
Profesora titular Universidad de Manizales
fannybernalorozco@hotmail.com
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