Jaime Alzate


Si mal no recuerdo, el gran periodista Enrique Santos Castillo, ilustre editor de El Tiempo, prefería escribir comentarios cortos a extenderse en largos análisis, que como los del Dr. Abdón Espinosa lo ponen a uno a echarse una siesta cuando apenas va por la mitad. Por esto voy a darme una pausa y seguiré intercalando artículos con un poco más de fondo, con notas cortas sobre el diario acontecer. Así descansamos los lectores y este servidor, y además podemos comentar sobre hechos que están sucediendo en el mismo momento.
1. Para comenzar, debo reconocer que nunca había estado más de acuerdo con el presidente Santos que con la jalada de orejas que les pegó a ciertos medios y a muchos periodistas, señalándolos como impulsadores del terrorismo por el bendito afán de la chiva y la vitrina. Tiene toda la razón al sacarles en cara que si de algo viven los terroristas, no solo en Colombia sino alrededor del mundo, es de la figuración de primera página, que los envalentona para que sus crímenes sean conocidos por una publicidad maligna y además gratuita, sin pensar en el mal que le hacen a esta pobre patria.
Al Dr. Santos le han caído rayos y centellas, porque en nuestro país, para bien o para mal, hay unos personajes dentro de esta profesión que se creen los dueños del mundo y no admiten por ninguna razón que se les critique por la forma como manipulan la opinión pública y como tratan de imponer sus ideas, aunque muchas de ellas sean vergonzosamente descabelladas y groseras. Repito que estoy de acuerdo con lo expresado por el presidente, así no demoren en tildarme como enemigo de la libertad de prensa. Qué tal que les tocara trabajar donde nuestros dos vecinos y tuvieran que aguantarse una censura como la que sufren los medios de esos países, que están tomando un parecido muy cercano a lo que se ha vivido durante tantos años en Cuba la Bella. Es que eso de que los narcoguerrilleros llamen a los consentidos a darles la información de que van a cometer otro vituperable crimen para que puedan chivear a sus colegas produce verdaderas náuseas. Eso de ninguna manera es periodismo, eso es complicidad y por eso deben ser castigados por la justicia.
2. Otro problema que lamentablemente ha vuelto a resurgir, porque ya lo tuvimos en forma muy seria hace unos años, es el del enfrentamiento de las comunidades indígenas con el gobierno, y especialmente con las Fuerzas Armadas. Esto sucede generalmente cada vez que toman un aire los guerrilleros, porque saben muy bien que en todos estas reyertas los que más perjudicados terminan son los indígenas, quienes se dejan manejar inocentemente, para terminar de escudos vivientes con los cuales se protegen los bandidos a costa de la vida de los inocentes.
El acto demencial cometido contra el miembro del Ejército, que le sacó lágrimas de indignación, es la clara demostración de dos cosas: una, el valor y la entereza de los soldados de Colombia para resistir un cobarde ataque sin responder en forma violenta, pues estando armados prefirieron no dejarse provocar y evitar así un sangriento enfrentamiento. Y otra, la clara incitación de los tirofijos asesinos para crear un caos cuyas consecuencias hubieran sido desastrosas para el país y sus autoridades. Estos malhechores saben muchas estrategias sucias para manchar la imagen del país.
3. A estas horas (4 p.m.) del jueves el presidente está comenzando a dar a conocer a sus nuevos ministros. Las últimas encuestas, muy desfavorables para el gobierno, obligaban a cambios en el gabinete, y aunque el país está marchando bien en algunos aspectos, hay otros en que hemos perdido mucho del empuje que traíamos desde el gobierno Uribe. Eso, unido al repunte de la violencia y al temor que nos produce, se refleja en las respuestas negativas de los colombianos sobre la imagen del presidente.
P.D.: Los hombres engañan más que las mujeres, pero las mujeres engañan mejor.
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