Efrain Castaño


En la revista Carrusel de julio 25 el dibujante Alberto Mont publica una caricatura que me llama a comentarla; en el dibujo aparecen Dios y Satán en diálogo cercano y afable; el diablo dice a Dios en frase abierta: "y para castigarles (a los humanos), podemos crear un lugar bajo tierra, lleno de fuego y torturas eternas"; a ello Dios responde con mano que ratifica la frase: "me parece mejor idea hacer algún tipo de ley para que vivan en pareja toda la vida".
No me parece que sea el momento de hogueras y torturas para nadie, pero la verdad es que me dolió leer unas líneas más para el descrédito del matrimonio y de toda actitud de compromiso vital y duradero; me duele ver resaltado de nuevo el relativismo e individualismo que aboga por hacer lo que me parece, me conviene en el momento, me produce más placer con el mínimo de esfuerzo y valentía.
Siento que en actitudes así se muestra una baja valoración del amor, un ataque a todo compromiso vital; todo se torna caduco, momentáneo, para un rato, cambiante, inseguro, de momento.
Me preocupa la presentación negativa del matrimonio y el amor pasando por alto la felicidad de tantas parejas que no sin dificultades internas y externas, físicas y emocionales, viven el gozo del amor enraizado en la vida diaria, común, corriente sin confundirse con romanticismo, emoción o conveniencia.
Por el contrario me sorprende que un pensador existencialista como Albert Camus afirma sin vacilación: "amar a una persona es decirle tú nunca morirás para mí", resaltando lo positivo del compromiso continuado, fiel, sostenido, hasta el final.
Creo que la caricatura en mención olvida que hay una diferencia entre contrato (entrega legal de bienes) y alianza (entrega amorosa de la persona); el contrato conlleva legalidad, reclamos, tutelas mientras la alianza que es lo propio del matrimonio conlleva cuidado mutuo, gozo en la convivencia, apertura a los cambios y exigencias, búsqueda de canales de expresión mejores cada día.
Lo legal tiene que ver más con el cumplir y hacer pero la alianza tiene su ligazón libre y alegre con el crecer, hacer feliz al otro, aceptar etapas nuevas, superar obstáculos.
No podemos ignorar la cantidad de parejas que viven contentas, que llegan a su madurez y vejez con la seguridad que la soledad no tocará su puerta, que la mirada afectuosa continúa, que el beso casual expresa la continuidad de un amor creciente, que el mirar los hijos como regalo y don para la humanidad llenan de sentido la existencia.
Habrá que lamentar que hasta en "sábados felices" se haga burla del amor humano y matrimonial, pero hay que resaltar que vivir en pareja no es castigo sino riqueza, fuerza; es vivir lo que anota el Cantar de los Cantares: "hallé al amor de mi alma, lo he cogido y no lo dejaré jamás"; es hacerle nido fresco a la felicidad.
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