Pedro Felipe Hoyos Körbel


Las reinas y los reinados son un fenómeno complejo y muy arraigado en nuestra idiosincrasia. Son pan y juego para el pueblo y a la vez iniciativas que ayudan a promover y publicitar ya sea productos, gente o regiones. Manizales, cuando hace 44 años sumó un reinado de belleza a la Feria de Manizales, enriqueció con otro importante eje a este evento que descrestó al continente entero. La Feria de Manizales tal vez fue el último gran esfuerzo que hizo nuestra Blanca Nieves antes de perderse en la total somnolencia que padece hoy en día siendo una ciudad del montón que ni en los noticieros nacionales sale. La Feria de Manizales es un patrimonio, no solo de la ciudad, y esto no porque se decrete en Bogotá, sino, entre otras, por la importancia económica que tiene. Casi alrededor de un siglo estamos haciendo una gran campaña publicitaria por el café, el Nevado del Ruiz y la ciudad en general. Creo que parte del posicionamiento que aún le queda a Manizales ante la opinión pública nacional, mucho se le debe a este certamen ideado por alcaldes de peso y visión, hombres adustos y emprendedores. No me equivoco si opino que este patrimonio es importante analizarlo y ajustarlo a las necesidades de la época.
Tuve la oportunidad de hablar con una protagonista del evento y recoger sus ideas y actitudes, quedando sorprendido de la gran calidad humana que se puede encontrar subida en tacones de 18 centímetros. Cuando una aspirante, en las innumerables entrevistas para los medios, dice que participa por el gusto de conocer otras culturas, países y su gente, a mí se me hace una frase de cajón; cortés y muy global. Pero esta misma respuesta en boca de Manou Volkmer es otra cosa. A ella le gusta la aventura, las otras culturas y parece antropóloga por el interés en la gente, en sus historias y su entorno. Esa apertura hacia el mundo y todo lo que alberga se explica en parte por su hoja de vida: nace en Alemania, se cría en España, termina sus estudios escolares en Bélgica, tiene novio turco y ganó el reinado internacional del banano en Ecuador el año pasado. El mundo, para esta mujer de veintiún años, es su escenario; el contraste para ella es estimulante y lo desconocido no la amenaza. Basándose en su abigarrada experiencia vivencial sabe observar y establecer la comparación. Así como fue escrutada, de arriba abajo, por miles de manizaleños durante el reinado, ella no les quitaba la mirada de encima. En ella habita una curiosidad vigorosa que la impulsa a preguntar, a hablar, dando la impresión de ser una mujer mayor, mucho más madura de lo que indica su pasaporte.
Me encantó una respuesta de esta candidata, cuando dejó perplejo al hombre del micrófono y seguramente a toda su audiencia, contestando que ella, con o sin corona, iba a publicitar a Manizales y su espectacular gente en Alemania, y es cierto. Ella y seguramente muchas de las candidatas al Reinado quisieran involucrase más con Manizales, la patrocinadora de este evento. Cuando un exportador de café en Chinchiná le dio una muestra especial de café y su tarjeta de presentación, me miró golpeada cuando me burlé del empresario por la propuesta, ella sinceramente quería tocar puertas en Alemania e impulsar los intereses del cafetero. Me explicó con orgullo que como reina del Banano estaba gestionado dineros en Alemania para crear una fundación en Machala, ciudad sede del reinado, para aportar al desayuno de muchos niños necesitados.
Le pregunté acerca de la imagen del reinado manizalita en su medio y me confirmó que gozaba de mucho aprecio, que su manejador por muchos años se esmera en mandar buenas candidatas a concursar. Me confesó que no solamente la gente amable, la seriedad y el profesionalismo hacen de este reinado algo llamativo en Alemania, sino que a él le gusta que vengan sus niñas con el propósito de perderle el miedo a las afamadas reinas latinas y así, en los grandes certámenes, estar mejor preparadas.
Entendí, por medio de ella, que existen muchas organizaciones y varios circuitos de reinas a nivel mundial. Me señalaba que su manejador es dueño del certamen Miss Intercontinental en el cual la ganadora se hace acreedora a un premio de 30 mil euros ($78 millones de pesos). Que es un negocio de muchísimos millones de euros involucrando a patrocinadores y derechos de televisión. ¿No sería interesante invitar a un hombre de esta categoría y pedirle su opinión sobre el Reinado Internacional del Café para efectuar importantes mejoras y convertir lo nuestro en una fuente de ingresos para el municipio de Manizales?
Otra de las muchas frases de Manou Volkmer, contundentes como ella misma, fue cuando me dijo antes de la velada de coronación que ella quedaba satisfecha con cualquiera de las niñas que ganase la corona, que ella sabía que quedaba en manos, o mejor en cabeza, de una nueva amiga.
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