Pedro Felipe Hoyos Körbel


Dentro de los miles visitantes que llegan a Manizales a vivir la Feria, las participantes del Reinado Internacional del Café son las más importantes. En ellas se condensan muchos aspectos, como su despampanante belleza, que hace que sobresalgan dentro de la migración que se acomoda en la ciudad durante esa agitada semana. Ellas son un destacado atractivo dentro de las festividades ya que nutren uno de los ejes centrales del evento, mas, a la vez, Manizales quiere por medio de ellas, convirtiéndolas en embajadoras, promoverse, destacarse dentro del concierto de las ciudades para atraer compradores, inversionistas, visitantes o simplemente crear simpatizantes, sin dejar de lado la misión de mantener la fama de este tradicional espectáculo.
Dentro de las veintitrés aspirantes que se hicieron presentes este año en el reinado, jóvenes muchachas desprevenidas, ansiosas por conocer, me llamó mucho la atención la candidata de Guatemala, Alejandra Morales Teo.
Es ella una mujer de un metro con ochenta centímetros de alta, de grandes ojos que los resguardan unas bien trazadas cejas y que expresan, sin mayor filtro, todo lo que sucede en esa inquieta mente y bien intencionado corazón. Sus labios carnosos ostentan sensualidad y mucha feminidad. La nariz recta armoniza la expresión de ese cautivante rostro. Con facilidad esta cara puede expresar ternura, furia o una gran simpatía. Si se suma el conjunto del rostro de Alejandra se obtiene una belleza que inquieta porque su perfil, definitivamente, no es americano. La explicación la aporta ella misma cuando enumera su árbol genealógico: hay un abuelo griego, también una abuela española, por el otro lado se pueden enumera un abuelo húngaro y una abuela maya. Literalmente, esta bella guatemalteca, encarna los conceptos de vigor híbrido y mestizaje de la forma más grata al ojo.
¿Cómo se entrevista a una reina de belleza cuando se quiere elaborar un buen perfil que haga justicia al ser humano apartándose del efímero mundo de los concursos de belleza?
Creí poder tantear el terreno con una pregunta filosófica, pero muy pertinente, como indagando por el concepto de belleza de esta niña de veintiún años.
Me explicó con juvenil claridad que para ella belleza era lo que uno piensa de sí mismo, que es un complemento entre lo físico y la personalidad. Me relató como ella misma luchó para llegar a ese punto y sentirse bella, ya que cuando niña su ideal de belleza no tenía ese respaldo emocional. Hablaba de su gran inseguridad y como se vinculó a los trece años al mundo del modelaje después de ser ayudada a encontrar su autoestima. Para ella la belleza tienen que ver mucho con el crecimiento personal, conclusión que me sorprendió oírla de boca de una mujer durante una competencia de belleza, pero me convenció.
Ya con el hielo roto le pregunté acerca del impacto que pudiera significar para su carrera obtener la corona manizaleña y me contestó que sería de gran trascendencia porque la colocaría entre las primeras cinco modelos de Guatemala, ya que esta corona cafetera goza de un gran aprecio y crédito en su país.
Con sincero entusiasmo me habló de su admiración por nuestro país, para ella Colombia era un país que quería conocer, "uno de los sitios que debes visitar antes de morir" me decía esta beldad de escasos veintiún años. Para ella este viaje a concursar en el reinado era un viaje de lujo que la llenaba de gratitud y cariño por la hospitalaria y generosa Manizales.
Preguntándole por su actividad cotidiana en su natal Guatemala dijo que modelaba y era la orgullosa propietaria de una agencia de modelaje, pero que su gran fuente de ingresos era la comercialización de software. Ella se considera una gran vendedora, característica de la cual fui testigo. Va la anécdota: ella me comentó después de la visita a la Industria Licorera de Caldas, que un producto como Cheers no existía en Guatemala y que la versatilidad de esta crema de licor, que se podía mezclar perfectamente con frutas y otros ingredientes, sería un éxito en Centroamérica, que a ella le gustaría distribuir Cheers en su país natal. ¿No es eso lo que pretendemos con la inversión que hacemos en el reinado?
Creo que Alejandra es, en esencia, una líder nata. En el cierre del evento, ella se encargó de organizar un pequeño reinado para escoger al más bello edecán y de esa manera reconocer y agradecer el abnegado papel que desempeñan los cadetes de la Policía Nacional acompañando a las reinas permanentemente durante su estadía en Manizales. También fue ella la que encauzó el homenaje que las reinas le hicieran a Carmenza Jaramillo, la directora del Reinado Internacional del Café, declarándola la mejor de América, esto con base a las experiencias que todas ellas habían obtenido en eventos anteriores.
Preguntándole por su opinión acerca del reinado dijo esta desparpajada concursante que veía en él una mina de oro que no se ha explotado a fondo. Para ella Manizales tiene todo lo que se necesita para un gran evento, que podría dejar plata en las arcas públicas. Me señaló que mundialmente estos eventos de belleza eran negocios adelantados por eficientes empresarios que producían millones de dólares por medio de las marcas que representaban y derechos de televisión que vendían.
Creo que así como Alejandra encontró su belleza esculcando su interior, nosotros debemos ubicar nuestra belleza y potencial turístico para poder actuar con la soltura y simpatía de esta soberana maya.
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