Efrain Castaño


Aquel 13 de febrero de 1542 (hace hoy 471 años) los conquistadores Gonzalo Pizarro (hermano de Francisco) y Francisco de Orellana frenaron sus briosos caballos que resoplaban de cansancio frente a un paisaje que jamás imaginaron; ¿era un mar lo que estaba al frente o un gigantesco río que era vía al mar?
Estaban asombrados de tanta belleza; después de recorrer tierras inmensas de Perú, Brasil y Colombia su cansancio se sintió recompensado ante lo grandioso que tenían ahí ante sus ojos; bajaron de sus caballos sabiendo que de seguro entre los matorrales vecinos estaban numerosos indios habitantes de tan fértil tierra y de seguro también espiaban las bellas mujeres indias que hace meses habían conocido diestras en el manejo de caballería y lanza, precoces y valientes para la lucha; ellos las habían llamado "las amazonas".
Ese era el territorio donde se encontraban: la inmensa Amazonía; ese día ellos entraron a la historia por haber descubierto para el mundo y el mapa mundial el inmenso y caudaloso río Amazonas, aquel que con el Nilo es considerado el más grande del mundo que como veloz serpiente se abre paso majestuoso hasta verter sus aguas al mar.
Entre gritos y risas bajaron hasta la orilla del gran río y se abrazaron triunfales: habían descubierto para la historia el río Amazonas que después navegarían y serviría de progreso para muchas regiones.
Se deslumbraron ante la inmensidad de aquella corriente bravía que llegaría a ser admiración de la posteridad; respetuosos se sumergieron en su corriente y se empaparon alegres de aquellas veloces aguas. Su búsqueda, su cansancio, sus caminos no habían sido vanos.
En la existencia humana la búsqueda de Dios y el encuentro con la maravilla de su amor es semejante a esta aventura; hay que comenzar por detenerse, admirar la inmensidad de la obra de Dios y su amor por cada ser humano; hay que dejarse deslumbrar por tanto amor.
Pero no basta esta primera etapa: hay que sumergirse en el agua de su salvación que se hace realidad en el bautismo y en la recepción constante de los dones del Señor que son "agua que brota hasta vida eterna" en palabras de Jesús de Nazareth. Es empaparse de dicha y continuar la vida sabiendo que toda búsqueda tiene respuesta, todo amor encuentro, creer no es caminar en vano.
Es la invitación para hoy Miércoles de Ceniza: recibir la ceniza en la cabeza o en la frente en signo de Cruz es vivir como Pizarro y Orellana un gesto de paso al frente, de seguir la marcha, de reconocer que sumergirse en la fe por Jesús de Nazareth es encontrar una ruta segura al mar de salvación.
Recibir la ceniza es reconocer que lo caduco llega a hacerse fértil, que el polvo sutil de la vida en manos de Dios llega a convertirse en obra de alegría y belleza; es ponerse en manos del Amor.
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