Jaime Alzate


Para nadie fue una sorpresa la declaración pública que hizo el presidente Santos el pasado miércoles dando a conocer, por enésima vez, que se estaba muriendo de las ganas de lanzarse a la reelección presidencial. Francamente confieso que la primera impresión que me produjo su presencia ante la televisión fue una enorme similitud con el jefe del zoológico vecino, el presidente ilegítimo Nicolás Maduro, cuando sale a hablarle a Venezuela en una actitud tan dictatorial, que tal vez el único que ha podido igualarlo ha sido su carnal Fidel Castro.
Han sido muchas las veces que Santos ha atacado a Uribe tomando como caballito de batalla su erguida actitud al mostrar cómo los guerrilleros, almas de Dios, van a terminar dueños de nuestra adusta democracia, que cada día se debilita más ante la actitud débil de un gobierno que no supo aprovechar el estado agónico en que las dejó el expresidente Uribe. Actualmente los colombianos sentimos con enorme temor el regreso a las épocas en que no salíamos de nuestras casas, porque estábamos en manos de los que ahora están haciendo todo lo posible, con la permisividad del presidente, para volver a llevarnos a los aciagos días cuando entre los mafiosos y los farianos imponían su ley de sangre, dolor y lágrimas.
La verdad de lo que estamos comenzando a vivir es que la pelea por la primera magistratura se está poniendo de lo más buena. Es lógico que Santos, siendo quien tiene el poder en sus manos, lleve una buena ventaja a sus contrincantes. Pero la presencia de Óscar Iván Zuluaga, hombre serio, inteligente y conocedor de los problemas del país, respaldado por la persona con más carisma y respeto que ha tenido Colombia en toda su historia, cambia radicalmente el panorama político, sobre todo porque pocas veces habíamos visto un enfrentamiento donde la batalla ideológica haya estado más claramente demarcada entre los dos más fuertes aspirantes a una posición, que nunca he podido saber porqué es tan ambicionada, sobre todo acá, donde la politiquería, la corrupción y la violencia campean.
La lista del partidor presidencial ha comenzado a crecer de una manera asombrosa. Los partidos de izquierda que siempre han estado divididos, esta vez no son la excepción.
Por un lado está Clara López, quien como alcaldesa encargada de Bogotá, lo hizo mil veces mejor que la pésima gestión de Petro, cuya administración da ganas de llorar.
Su gran opositora será Aída Abella representante de la Unión Patriótica, partido de izquierda que hace años fue aniquilado por las Auc y que ahora trata de tomar un nuevo aire para, de pronto, conseguir un ministerio y no extinguirse del todo. De todas formas al ir divididos, menos van a tener un buen resultado.
Pero crece la audiencia y parece que el lanzamiento de Santos ha creado una atmósfera de resurrección, y vemos cómo políticos que creíamos que estaban en los últimos suspiros han vuelto a salir a la palestra, y por lo menos sus caras han vuelto a verse en los medios de comunicación, después de estar desaparecidos por mucho tiempo.
Enrique Peñalosa, de quien mucha gente habla bien, incluyéndome a mí, todavía no ha mostrado con ganas a qué partido pertenece, ni qué posición quiere ocupar. Otro de la izquierda democrática que ha recobrado prestigio es el ex M-19 Antonio Navarro. Su problema es parecido al de Peñalosa, y su desubicación crónica hace que la gente no sepa lo que está buscando.
La señora Marta Lucía Ramírez, brillante y empujadora, va tener que terminar respaldando a Zuluaga, porque sin duda el partido Conservador así lo hará, a pesar de que Ómar Yepes, como viejo zorro, a estas alturas no ha dicho cuál es su candidato, aun cuando mucho ha pregonado que su partido tendrá candidato propio. Pero ya verán como muy pronto dará un certero sablazo.
Este es por ahora el panorama presidencial, pero todavía falta mucho tiempo para poder saber en qué vamos a quedar. La cosa no está fácil y a la cabeza de la carrera van dos ejemplares que con seguridad van a dejar atrás al resto de la caballada. Esperamos que sea Óscar Iván quien gane, para bien de la patria. Entonces: ¡patos al agua!
P.D.: No te preocupes por volverte viejo. Es un privilegio que no tienen muchos.
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