Efrain Castaño


Estaba en su casa tranquilo y el hombre aquel encontró debajo de la puerta de entrada a su casa un pequeño papel que decía: "te espero en el Templo"; la Parroquia estaba invitando a la asistencia más frecuente a la celebración dominical y a reuniones de catequesis bíblica.
Nuestro amigo agradeció este gesto de invitación pues en verdad estaba dejando la frecuencia asistencial a los actos parroquiales que le mantenían "dentro" del camino y trayecto de la Fe en el largo sendero de seguimiento del Señor; se propuso regresar, volver, calentar de nuevo la Fe.
Cumplió; el domingo siguiente antes de salir a sus quehaceres deportivos se dirigió gustoso al cercano templo parroquial; sintió que iba a sumergirse de nuevo en la corriente de aguas bautismales refrescantes y tonificantes; se percató que de verdad había dado la espalda a una vida en la Fe; en el fondo de su corazón iba contento.
Participó en la celebración; escuchó la Palabra de Dios proclamada con solemnidad y claridad; le pareció bueno el sonido, le gustó ver a muchos amigos rodeando el mismo altar fraterno y hasta cantó alguna canción religiosa; se sintió bien y se dio cuenta que se estaba privando de un acto enriquecedor; se palpó más fuerte, con más luz para el camino.
Pero ya finalizando la celebración entró en un poco de desconcierto: en la pantalla junto al altar y como nueva invitación brotada de la Palabra meditada apareció un letrero: "te espero afuera"; quedó casi irritado e inseguro; le habían dicho "te espero adentro, en el templo, en la oración" y ahora le dicen "te espero afuera, en la calle, en tu casa, en el trabajo, el descanso, el tiempo libre, el amor, el cansancio; te espero afuera para que caminemos juntos".
Protestó y por un momento quiso dejar todo intento de seguir el trayecto de la Fe pero recordó que la vida de los mártires y los santos es un testimonio vivo de cómo para seguir a Cristo hay que exponer la vida y aprender a vivir una vida nueva y mejor.
Con sus amigos aclaró bien el contenido de aquel "te espero adentro y te espero afuera"; la verdad es que como dijera el místico Dag Hamarshold secretario de la ONU en la década del 60, el viaje más hermoso y sólido que había hecho en su vida, él que a tantas partes se trasladó por su oficio universal: "el viaje más importante que he hecho es el viaje hacia adentro de mí mismo"; es poner piso sólido a todo lo que se piensa, dice y hace.
Él afirmaba que una persona obra bien si piensa bien, si tiene buenos principios vitales, si su vida interior, vale decir espiritual, está construida sobre bases sólidas; el actuar no es otra cosa que el resultado de un espíritu con visión y optimismo.
Como la oración es la mejor manera de "estar adentro" vale afirmar que "obras bien si oras bien", que "ir afuera" con éxito depende de estar bien en el interior, en mente, ánimo, corazón y amor; aquel hombre repitió con convencimiento: "obras bien si oras bien"; es cierto.
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