Camilo Vallejo


Cuando hay que criticar y quejarse, cuando hay que moverse para que las cosas de todos vayan en otra dirección, cuando hay que buscarle solución a los problemas más incómodos, en Manizales es común el silencio y la quietud. A veces por miedo a las represalias, que no pocas veces son violentas; a veces por apatía, que en últimas es lo que va quedando de tanto que el miedo destruye lo que nos une.
Ese silencio y esa quietud quedaron en evidencia en la encuesta de opinión ciudadana de calidad de vida de Manizales Cómo Vamos, que se presentó el martes anterior. En ella, el 70% de los manizaleños y manizaleñas dijeron que no había realizado ninguna acción pública o legal para resolver problemas comunitarios o personales.
Es un dato que se puede interpretar de varias formas. Unos dirán que no todos los ciudadanos tienen que estar interactuando con lo público para resolver problemas de ciudad o convivencia, que es apenas comprensible que sea tema de pocos, de líderes, de representantes. Sin embargo otros diremos que es parte del silencio y la quietud, que unos pocos se echan al hombro lo de todos, a veces sin nada a cambio, a veces soportando el estigma de “sapos” y “metiches”, mientras los demás se acomodan, se recuestan, ven desde la barrera para no poner lo suyo en juego.
Al final, lo que preocupa del dato es que existe una renuncia y una dificultad. La renuncia de la mayoría a un derecho, el de preguntarle al Estado, el de exigirle. La dificultad al usar las herramientas para preguntar y exigir, porque se desconocen, porque se ignora cómo se utilizan. Entonces aparece la pérdida de autonomía, la incapacidad de resolver por cuenta propia, y con eso surge la dependencia a esos pocos que, en ocasiones, usan las acciones públicas como si solo a ellos pertenecieran.
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Esta semana se hizo un llamado a la transparencia en la gestión y la contratación de la Feria de Manizales. Encontramos que la página web del Instituto de Cultura y Turismo de la ciudad tiene serias deficiencias al transparentar sus procesos y al garantizarle a los ciudadanos el acceso a la información pública.
No se publican los documentos de las convocatorias, ni de las selecciones, ni de las contrataciones de la Feria. Apenas los de unas poquísimas actividades de la gran variedad que presentó el actual gobierno para la próxima edición. El llamado es para que se corrija, para que se mejore y para que la gestión de esta fiesta deje de manejarse a oscuras. Sin transparencia hay dudas, entonces salen las suposiciones, las especulaciones y las deficiencias para acceder a los servicios del Estado. Y por más que se hable de una buena gestión, sin transparencia no hay prueba para los ciudadanos.
Entre los documentos que están públicos, se encontró que una fonda seleccionada para participar en las fondas y arrierías pertenece a Pedro Javier Misas, quien al momento de ser seleccionado trabajaba como registrador especial de Manizales. ¿Existe una inhabilidad o una incompatibilidad de esta persona para hacer negocios con el municipio en el marco de la Feria? El Instituto dice que no le corresponde decidir sobre las inhabilidades o incompatibilidades de las personas que selecciona. ¿Entonces a quién le toca? Ahora que sabe, ¿no va a revisar el tema o remitirlo a quien pueda responder?
En parte, la transparencia es para poder preguntar.
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La Corporación Cívica de Caldas y La PATRIA han venido publicando otra versión de la “Lupa a la Contratación”. Hace quince días se presentó la contratación de la Alcaldía de Manizales entre enero y septiembre de 2016 –de eso hablamos en la columna anterior– y hace ocho días se publicó la de los otros 26 municipios del departamento.
Sobre los municipios hay que decir que el fenómeno de la contratación directa continúa imperando. El 67% de los recursos de los municipios se ejecutó por esta vía. Incluso, entre julio y septiembre, la mitad de los municipios asignaron su contrato más alto a través de esta modalidad.
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El sábado se cumplieron 30 años del asesinato de Guillermo Cano, director de El Espectador. Cano escribió un día que quería detener el tiempo en una Nochebuena, para repetirla y eternizarla. Sabía de la fatalidad del paso del tiempo, pero al final no lo lamentaba, sabía que la gracia es la oportunidad de nacer de nuevo cada año.
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