Jaime Alzate


Frecuentemente nos preguntamos por qué diablos nos llega tanta variedad de hechos, unas con satisfacciones como las que se refieren al deporte, y otras suplicios, como el de ser el mayor proveedor de cocaína del mundo, un castigo peor que cualquiera de las plagas de Egipto.
Pues bien, el afortunado cambio del fiscal General que recayó en cabeza de Néstor Humberto Martínez es la clara demostración de que las personas hacen los puestos, y no los politiqueros, como el señor Montealegre, los que son capaces de acabar con organizaciones tan necesarias para el manejo de un país.
Quienes tenemos alguna inquietud sobre lo que espera a nuestros hijos, estamos preocupados por el estigma que mantenemos de ser un paisillo cocalero, al cual se le niega el reconocimiento a los esfuerzos que hace para que nos incluyan en del grupo mundial de países en vías de desarrollo. En sus primeras declaraciones, el nuevo Fiscal se lanzó al charco pidiendo volver de inmediato a la fumigación aérea contra los cultivos de coca, por innumerables razones pero especialmente porque el auge del narcotráfico es la más grave amenaza para la paz.
Uno no se explica las razones del presidente Santos para reaccionar negando la posibilidad de regresar a una práctica que tan buenos resultados ha tenido. Un funcionario que se ha jugado el pellejo por la paz, así a una buena cantidad de colombianos no nos convenzan algunos de los métodos utilizados para llegar a ella, debería haber respondido en forma diferente, ya que con el apoyo del fiscal, mucho se facilitarían las operaciones de ataque frontal contra esa plaga.
Exponiéndome a la crítica, estas cosas ponen a pensar si de pronto el presidente no recibió alguna presión de los bandoleros, para llegar a los acuerdos cercanos a firmarse, pues como es reconocido ellos tienen en ese negocio una mayor fuente exorbitante de ingresos, al punto que una revista como Forbes las cataloga como una de las mayores empresas multinacionales ilegales del mundo.
La suspensión de la aspersión se inició hace un año por orden de la Corte Constitucional y siguiendo ciertas directivas de la Organización Mundial de la Salud, pero nos hemos enterado que esa resolución está siendo revaluada, y posiblemente se llegue a la conclusión de que esos químicos no son tan dañinos como lo hacen ver las enormes mafias que dominan ese mercado tenebroso.
En todo el mundo, incluidos los países más adelantados, el uso del glifosato, que tiene sus riesgos, está permitido con ciertas restricciones, especialmente para los trabajadores que tienen el contacto directo con el químico. En Colombia los controles de malezas de los más importantes productos agrícolas, como el café, los cítricos, la papá y el arroz siguen siendo con el uso del glifosato, y los daños causados a los usuarios son relativamente menores.
Ojalá pronto se encuentre un producto cuyas consecuencias desfavorables sean bajas. Entre tanto, el gobierno tiene que evaluar si los daños son mayores que la solución, o si estos se pueden reducir a límites tolerables imponiendo reglamentaciones que obliguen al uso adecuado de trajes, herramientas y otros elementos de protección que minimicen cualquier riesgo.
No podemos seguir con la disparada de la coca que en los últimos años, pues pasó de 47.800 hectáreas en el 2012 a 156.000 el año pasado.
Olvídese doctor Santos que con los ingresos económicos que estos volúmenes proveen a los carteles, especialmente a las guerrillas, van a dejar este sensacional negocio, y el dolor de cabeza continuará sin remedio.
P.D.: Mi amor, de sus tantos amores se fue quedando solo conmigo.
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