Jaime Alzate


Lo más impactante de esta semana fue el tremendo terremoto que azotó casi la mitad de Ecuador ocasionando una de las más crueles tragedias, con un saldo de casi 500 muertos y la destrucción de al menos 20 poblaciones cercanas a Manabi, epicentro del sismo. En Colombia nos ha tocado vivir en sangre propia el terror que se siente cuando la tierra comienza a moverse como un potro indomable, y desde su interior salen rugidos que nos dejan paralizados y en shock, hasta que comenzamos a darnos real cuenta de lo que está pasando. Esa noche estaba en un noveno piso, y como el edificio es antisísmico, se estuvo bamboleando durante más de dos minutos, que parecieron dos horas, sin sufrir un solo daño.
Muy rápidamente los medios comenzaron a informar sobre la gravedad del movimiento, y con una velocidad digna de reconocimiento en pocas horas ya estaban todos los órganos de rescate, tanto de Ecuador como de los países vecinos, especialmente Colombia, comenzando con las labores de rescate que aún están en operación, ayudando a salvar muchas vidas. Nadie está libre de sufrir una tragedia tan cruel como imprevista, y la única forma de amenguar un impacto de esta magnitud, es estar siempre preparados y formar grupos de ayuda con los vecinos, de tal forma que en un momento de tragedia podamos contar con colaboración inmediata. A prepararnos, porque estamos en una zona sísmica de gran peligro y ojalá un hecho de esta clase no nos coja desprevenidos.
El momento de Brasil es, además de incontrolable, totalmente impredecible. Nadie imaginaba que en el gigante del sur, uno de los más importantes países del mundo occidental, la situación política iba a cambiar de una forma tan radical, al punto de padecer una drástica división que tiene colgada de la brocha a la presidenta Roussef, cuyo índice de aceptación cayó a un escaso 11%, con tendencia a la baja. Con una oposición de esta magnitud es imposible gobernar un país, aunque el mismo Lula, su principal mentor, haya salido a la palestra a tratar de frenar la hecatombe que se les vino encima. Esta coyuntura se deriva de un grado de corrupción que no supo contener, o estaba también untada hasta la coronilla, como la acusan sus opositores. La víctima ha sido la estatal petrolera Petrobras, convertida en la vaca lechera y suministradora de la mermelada tan conocida por nosotros, y cuyo ejemplo debe ser tenido muy en cuenta por otros gobiernos que están caminando al borde del abismo. Lo más grave es que el tsunami que viene en Brasil alcanzará a hacernos bastante daño, y acá las cosas no es que estén de color de rosa, y si la economía sigue trastabillando, de golpe tendremos también nuestro propio golpe.
En las últimas semanas hemos estado con los pelos de punta por la infame y aberrante situación de los niños de las escuelas públicas, especialmente en la costa norte, a quienes los contratistas de Bienestar Familiar han venido dándoles pura bazofia a cambio de la alimentación a que tienen derecho, y por la cual el Estado les paga generosamente. Los que tenemos hijos pequeños o nietos, sabemos lo que se siente al ver en la televisión a estos niñitos sentados en el suelo y recibiendo la comida, si a eso se le puede llamar así, en la mano, pues carecen hasta de platos, y sin higiene de ninguna clase. Que a un hombre formado, como sucede en las cárceles, lo mantengan como en una pocilga tampoco es normal, pero los que estafan con unos infantes merecen la cadena perpetua.
P.D.: Más de un hombre debe su éxito a su primera mujer y su segunda esposa a su éxito.
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