Jaime Alzate


Se nos acabó este año y nos deja una estela de incertidumbres como pocas veces habíamos visto en el transcurrir de la historia republicana de Latinoamérica.
Hablando de Colombia, debemos reconocer que estuvimos muy cerca de irnos loma abajo, y si no es porque a última hora nos dio una manita con el NO la Virgen del Agarradero, a estas horas estaríamos rodando como varios de nuestros vecinos latinoamericanos, que perdieron el rumbo peligrosamente y que van a tener que comenzar el próximo año en medio de las mayores angustias, porque entre otras cosas, algunos de sus gobernantes dentro de su inmensa ignorancia no tienen ni idea por dónde comenzar a salir del charco en que están metidos.
Comenzando por los peorcitos tenemos que hacer resaltar la tragedia de Venezuela. No me voy a extender en una historia que conoce el mundo entero, y que sabe que la única solución heroica que se conoce con toda certeza, es cambiar totalmente el gobierno chavista, madurista, que no para de cometer toda clase de barbaridades, sometiendo a un pueblo que alguna vez fue un verdadero ejemplo de progreso, a la angustiosa situación de hambruna y falta de solución a las necesidades primarias, con índices de miseria a los que nunca creyó el mundo que se podría llegar.
Hago aquí un paréntesis para dejar por sentado mi rechazo y desprecio hacia el retrasado e inmaduro de Maduro, quien lo único que mantiene en su testa vacía, cuando se le presenta un problema, como los que tiene todos los días, de inmediato busca a Colombia como su trompo quiñado, insultándonos con toda clase de epítetos ofensivos. Pero lo peor es que el gobierno colombiano, o no responde, o lo hace de tal manera que ya los bolivarianos nos tienen pisada la cuerda, y saben que por nuestro lado nos seguiremos mamando toda clase de ofensas sin reacción alguna.
El segundo país con la peor tragedia es sin duda Haití, cuya historia ha sido de una extrema miseria. El mayor responsable de esta aberrante situación es la República Francesa, que ejerció durante la colonia toda una historia de sangre, sudor y lágrimas, en vez de lo que pregona su escudo de: libertad, igualdad y fraternidad. Y a pesar de que la historia debería haberse cambiado por los avances de gran parte de la humanidad, seguimos presenciando, sin que el mundo haga algo por dar soluciones, las consecuencias del desprecio de Occidente con el consecuente abandono de sus mínimas obligaciones humanitarias, por una nación que muere de hambre.
Por ahora, menciono en esta, que es una larga lista, a nuestros queridos amigos de Brasil. Nadie hubiera pensado que el gigante latino iba a terminar derrocando presidentes, violando la democracia y con índices de miseria de los más altos conocidos. Y ahora se acaba de destapar la corrupción más aberrante, enterándonos que en solo Colombia empresas de construcción brasileras pagaron sobornos por más de 11 millones de dólares para ganarse unos contratos.
Aquí hay que decir como Sor Juana Inés: "Quién es más de culpar. El que peca por la paga, o el que paga por pecar", y precisamente somos nosotros los que recibimos las coimas. ¡Qué desgracia!
P.D.: El verdadero fundamento del matrimonio es la incomprensión mutua.
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