Jaime Alzate


Ya entrados en el 2017 esperábamos que la situación del país iba a tener una cara más amable después de toda la barahúnda que sufrimos los últimos meses por los hechos bien conocidos, y que pasados los cuales a pesar de su gravedad pensamos que traerían una época de calma y por fin podríamos poner la casa en orden.
Lamentablemente estábamos muy equivocados, y el panorama se ha puesto cada vez más oscuro, y sin tener en cuenta hechos tan graves como los sucedidos con la negación del plebiscito y la publicación de la reforma tributaria de la cual muy poca gente conoce a fondo, pero que de acuerdo con los comentarios de estudiosos de estos delicados asuntos se vienen emitiendo los mas pesimistas conceptos, el año nuevo será de extremas dificultades económicas, que mezcladas con todos los enredos del delicado arreglo de paz con los guerrilleros, solo vemos oscuros nubarrones por dondequiera que miramos.
El señor Santos ha tratado por todos los medios de explotar su Nobel de Paz, pero desafortunadamente para él, lo que en principio era un merecido galardón que recibió en beneplácito de gran parte de las naciones civilizadas, en poco tiempo se ha convertido en un verdadero lastre pues su otorgamiento por parte de los noruegos, fue una ligereza basada en informaciones politizadas, lo que trajo consigo las críticas de las autoridades que sí tienen un verdadero concepto de la importancia de este premio.
Luego de la ceremonia en Oslo, todo ese alboroto quedó reducido a que todavía ninguno de los que inicialmente fueron los elogiadores han podido defender con certeza su otorgamiento al presidente Santos.
Y los hechos se enredan más, porque nadie sabe a ciencia cierta, en qué situación nos encontramos frente a los enemigos de las guerrillas, quienes pasaron del casi aniquilamiento en que las dejó el presidente Uribe, a una revitalización que nos llena de temor de que estén preparándose para regresar a tomar las armas y sumirnos de nuevo en las sangrientas épocas de la violencia.
Mientras tanto hasta los inmarcesibles funcionarios de la ONU, a quienes en Colombia se ha respetado, ahora se dedican como en casa de doña ratona a la francachela y a la comilona, olvidándose de la gran responsabilidad que tienen de ser los guardianes de una paz que se mantiene pegada con babas.
La época es difícil y los que deberían estar manejándola con patriotismo siguen, con contadas excepciones, dedicados a llenar sus arcas con los dineros del tesoro público mientras el pueblo recibe como recompensa el incumplimiento del primer mandatario, que se olvidó de la diferencia de escribir en mármol una promesa de no imponer más impuestos a un pueblo agobiado, y la de escribirla en el lodo del engaño.
Tenemos, como si fuera poco de frente las altaneras respuestas del los elenos, quienes ante el ofrecimiento de paz del gobierno, aún llegando este a casi poner la rodilla en tierra, contestan con mentiras, y groserías demostrando así las poquitas ganas de llegar a un verdadera paz.
P.D.: Toda influencia es mala... pero una buena influencia es lo más malo que hay en el mundo.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015