Jaime Alzate


Todo indica que se nos viene otro chaparrón de mentiras y cinismo que nos tienen preparados los elenos con todas las arandelas y bellaquerías iguales a las que hemos tenido que soportar durante tres larguísimos años con los bandoleros de las Farc. Claro que nos toca seguir tragando sapos, porque el señor Santos no va a dejar que se le pase otra magnífica oportunidad de seguir aspirando al premio Nobel, quién sabe de qué, pues lo que fue el de la paz se le voló de las manos. Será casi imposible que el mundo civilizado siga creyendo todas las argucias que nos tienen altos del suelo en las célebres conversaciones de paz, que en vez de avanzar como debería ser, reculan más y más creando una atmósfera de incertidumbre que han llevado la opinión negativa sobre el presidente a bordear el 87%.
Las primeras declaraciones de los conocidos como uno de los grupos más sanguinarios del mundo no dejaron ver nada esperanzador, ya que de entrada comenzaron a tratar de imponer sus condiciones, como si fueran ellos los que tuvieran la sartén por el mango, y en forma muy parecida a lo que está pasando con la banda de Timochenko, ante la debilidad de un gobierno entreguista, toman el mando, no solo de los ataques matreros, sino de los asesinatos cobardes de miembros de la fuerza pública.
Ojalá no tengamos que aguantarnos durante otros tres años lo mismo que nos han dado de comer, sin poder revelarnos contra una situación tan repudiable. Inclusive nos hemos aguantado que sean los bandidos quienes están dando órdenes que llegan hasta la destitución de pundonorosos generales de la república, hombres que se han jugado la vida en defensa de una patria que ve con horror, como tienen que resistirse hasta las lágrimas, la forma como se nos está acabando una Colombia. Si nos dejamos que las cosas sigan dentro de los parámetros impuestos por los enemigos, en poco tiempo llegaremos al nivel de degradación de nuestros vecinos.
Vemos con gran temor el nuevo riesgo que está tomando el gobierno, y aunque de corazón deseamos que las cosas marchen por mejor camino, vemos muy difícil que no nos vuelvan a dar de lo mismo que nos ha tocado sufrir sin resultados que abran la esperanza de una verdadera paz.
Entramos en otra época de incertidumbre, así ahora los asesinos sean menores en número, pero sin duda más peligrosos por lo sanguinarios y sin ley, como lo han demostrado a lo largo de esta interminable guerra.
No quiero terminar sin expresar mi sentimiento de tranquilidad con el cambio del fiscal, el repudiable señor Montealegre. Pocas veces el país había rechazado con más unanimidad a un personaje con más cualidades de maldad, traición, y venganza que este señor. Ya tendrá tiempo el amigo de la Springer para continuar tomando revancha de quienes fueron victimas de su mala fe. Politizó hasta lo increíble uno de los más importantes cuerpos de la rama judicial, sin importarle las leyes ni la opinión pública.
¿Seremos capaces de aguantarnos más de lo mismo?
P.D.: No sé cuál es la clave del éxito. Pero la clave del fracaso es tratar de agradar a todo el mundo.
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