Jaime Alzate


El peligroso estado de polarización que está viviendo el país desde hace varios años, se vio reflejado en la votación del plebiscito. Tenemos que ser francos y repetir que nadie, repito, nadie, se imaginó que el Sí iba a ser derrotado, no por los opositores al acuerdo sino por los mismos partidarios del gobierno, a quienes no se les supo explicar de manera clara y precisa lo que se estaba proponiendo. La responsabilidad total cae en cabeza del presidente, de su equipo de gobierno y de los jefes políticos que estaban convencidos de que el triunfo era tan obvio que la argumentación que exponían solo se basaba en que las cifras del resultado no bajarían de un 70% a favor, por lo que no era necesario seguir gastándose la plata de la mermelada en los posibles votantes.
Santos demostró una petulancia y una arrogancia de tal magnitud que lo llevó a decir una frase que fue la estocada final para los que estaban indecisos: "yo hago lo me dé la gana".
Del equipo del gobierno el que menos responsabilidad tuvo es el doctor De la Calle quien se sacrificó durante cuatro años poniendo toda su voluntad para llegar a un punto final, que si se hubiera apelado a recibir oportunamente en las mesas de negociación a los sectores de oposición, ya tendríamos resuelta la situación que estamos viviendo.
En una entrevista el lunes con Yamid Amat, la canciller reflejó lo que podríamos llamar una fuerte fatiga mental, y tal vez hubiera sido mejor que no hubiera aceptado hacerla, porque no respondió en forma coherente. Su primera frase, increíble en una señora tan inteligente, fue decir que el país "había votado por el odio". El desarrollo de los hechos siguientes ha demostrado que muy por el contrario ese sorpresivo resultado ha hecho que el gobierno aterrice, y que el panorama se esté limpiando de nubarrones.
Otros grandes responsables fueron el ministro de Gobierno, de la misma cuerda petulante del presidente, y ni hablar de los dos personajes que nos tienen cansados de estar promoviendo la división que nos agobia. Me refiero a Benedetti y a Roy Barreras, quienes han pasado por todos los gobiernos haciendo más daño que bien, cuando necesitamos verdaderos líderes y no habladurías de ciertos politiqueros.
La lista es muy larga, pero eso se lo dejo a quienes se dedican, como ciertos periodistas, a tratar de manejar la opinión y con los cuales se debería hacer una buena selección para respirar tranquilos.
El fracaso de los partidos de gobierno lo tienen que asumir las encuestadoras que se pifiaron de manera estruendosa. Claro que también se mencionaron los peligros que traerían unos resultados soslayados que no reflejaran la realidad de los hechos por falta de tecnología, o más grave aún por falta de honradez profesional. Deberían investigar los organismos encargados de este delicado asunto, y sobre todo debería reglamentarse en forma neutral para evitar las enormes diferencias entre lo pronosticado por los encuestadores y la realidad de los hechos. Mejor ejemplo que lo que acaba de pasar, es difícil encontrar.
Ojalá el optimismo haya vuelto al alma de los que votaron por el Sí, porque creo que este grito de alarma será recibido como un paliativo que le servirá al gobierno para encauzar sus esfuerzos hacia una patria mucho mejor, como lo deseamos de corazón todos los colombianos.
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