Jaime Alzate


La noticia que encabeza esta columna ha sido pudiéramos llamar la destitución del procurador Ordóñez como la han expresado los opositores del exfuncionario, o la cancelación de su nombramiento por algún error de la Corte ocurrido hace 4 años, como lo mencionan sus amigos. El hecho es que la decisión se tomó, y aunque se esperaba desde hace algunos meses, cayó de manera sorpresiva, pues coincidió con un volcán político en plena erupción, por la guerra que se ha montado a raíz de la votación para el plebiscito.
No hace falta ser muy conocedor de las tramas políticas que se montan durante la época de elecciones para pensar que, a pesar de las negativas rotundas que expresaron desde el presidente hasta el último funcionario gobiernista, sobre la injerencia que pudo tener el gobierno en el fallo del Consejo de Estado y que, desafortunadamente para ellos hizo explosión en el peor momento de todo este tejemaneje tan complicado, hubo gato encerrado. No creo que este error vaya a tener alguna incidencia positiva ni negativa en la decisión de los votantes dentro de 20 días, pero ha dejado un olorcillo desagradable, que se hizo más intenso con la frase del exprocurador de que con esa decisión se estaba cumpliendo el primer pacto de La Habana.
El hecho final de esta parte de la tragicomedia es que antes de que se le hubiera comunicado oficialmente a Ordóñez su destitución, o como quiera llamársele, ya los gobiernistas tenían listo los candidatos a reemplazarlo. Sin duda este episodio ha puesto a Ordóñez en los primeros puestos de la lista de presidenciables. Y, por cierto, en un país descuadernado como el nuestro sería, por su talante, un muy buen presidente.
Este puede ser otro error del gobierno, que es al fin y al cabo el que pone y quita, como lo ha demostrado el propio presidente cuando declaró en una frase muy del tono de Maduro, que él estaba autorizado para hacer lo que le diera la gana. Dos candidatos han sido lanzados para reemplazar a Ordóñez, el exministro Fernando Carrillo y el exvicefiscal Fernando Perdomo. Lo mejor sería que el Congreso se decidiera por Carrillo, quien ha demostrado ser un hombre recto, inteligente y estudiado, en los cargos que ha ejercido. El otro candidato, sin negarle sus capacidades intelectuales, carga el estigma de haber sido demasiado amigo y mano derecha del señor Montealegre, personaje a quien sus mismos amigos reconocen una muy dudosa reputación, no solo por la politiquería con que inundó la Fiscalía, sino por los contratos nada claros que firmó durante su gestión.
La Corte Suprema de Justicia, por su parte, replicó muy fuerte por boca de su presidenta, la magistrada Margarita Ceballos, quien defendió la escogencia de Ordóñez en su momento, asegurando que se siguieron estrictamente las reglas fijadas por el Consejo de Estado.
¿A quién, entonces, vamos a creerle los de ruana? ¿A un fallo sesgado de una Corte, o a la representante del órgano de justicia más importante del país?
Falta a estas horas (viernes en la mañana) conocer quién es el candidato de Santos. Ya veremos qué tan acertada y limpia es su decisión y qué tanta presión hará sentir para sacar su candidato avante.
P.D.: La holgazanería es aquello que uno puede disfrutar plenamente, cuando se crea la ilusión de que tiene mucho trabajo por hacer.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015