Jaime Alzate


Padecemos un sismo en nuestro continente provocado por el difunto coronel Hugo Chávez, ese funesto personaje que con mentalidad de dios del Olimpo llevó a Venezuela de ser un país con problemas normales a una verdadera hecatombe, a la que arrastró no solamente a sus conciudadanos sino que enredó al resto de países cercanos, muchos de los cuales vivían con cierta tranquilidad.
Comenzó el chafarote haciendo alianzas diabólicas con Cuba, que había estado durante más de cincuenta años sometidos a la órbita socialista rusa, bajo la dura bota de lo que en ese tiempo significaba ser manejado por déspotas, y lleno de ambiciones estuvo cerca de convertirse en el gran dictador de la humanidad. Por fortuna con el correr de los tiempos en Cuba hay cambios que están comenzando a sentir los isleños, y algo nos toca a nosotros. Chávez fue armando un enredado rompecabezas con algunos de los nuevos líderes que iban surgiendo bajo su tutela, pasándose por encima a los Estados Unidos, que a pesar de su gran poderío no pudo frenar oportunamente sus desbocadas ambiciones.
La herencia de Chávez es conocida, pero están por verse las consecuencias de lo que sucederá si no se toman medidas drásticas, pues el pueblo está próximo a empezar a morir de hambruna. Esperemos que la oposición logre formar una fuerza unida para enfrentar a Maduro y Diosdado, quienes han querido ser el reemplazo del dictador, pero con falta de capacidad que hacen muy difícil la salvación de la patria de Bolívar.
Y ahora la tragedia se ha pasado a donde nuestros gigantones vecinos, la tierra de Pelé. Hasta hace poco, el mundo miraba con el mayor respeto al que reconocíamos como un continente dentro del continente americano. Sus riquezas naturales, su poderío industrial, su desarrollo cultural, y hasta su capacidad de producir jugadores de fútbol, eran motivo de envidia de todos nosotros.
Pero sin que nadie lo esperara, les entró el gusano chavista, y los partidos de izquierda comenzaron a progresar en forma tan abrumadora que en poco tiempo se impuso un presidente audaz e inteligente, que rodeado por una aureola de honestidad y capacidad, que realmente no tenía, lideró a su país durante 8 años. Convertido en un ídolo, preparó su estrategia para dejar a Dilma Rousseff como su sucesora en la presidencia. Y ahí comenzó la debacle, porque estos dos personajes pronto fueron mostrando las garras de su deshonestidad y aprovechando su inmenso poder, tergiversaron cifras del presupuesto de la nación engañando con partidas falsas la realidad de sus estados financieros poniendo en grave peligro la estabilidad económica del gigante. Lo que siguió fue que el jueves pasado la presidenta fue suspendida de su cargo por el Congreso y en seis meses se conocerá el veredicto final sobre su destitución del cargo. Grave descalabro para un país tan importante.
Y claro, en Colombia seguimos haciendo cola y la situación se hace más oscura. La oposición va ganando prestigio en forma abrumadora, y el señor Santos ya no llega ni al 20% de favorabilidad ante la opinión. Mucho nubarrón negro nos rodea, y hasta los partidos de gobierno se están desintegrando. Pero lo peor es que no se ve fácil una solución, sobre todo cuando por absoluta terquedad, se le ha entregado tanto poder a los bandoleros y ahora se le da importancia al grupo más maligno, como es le Eln quienes se creen los más inteligentes precisamente por su inmensa crueldad. Otra pata que le nace al cojo y el mal ejemplo está que cunde.
P.D.: Demasiado sexo, perjudica la memoria, y otras muchas cosas de las que ahora no me acuerdo.
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