Jaime Alzate


Después de las vergonzosas asonadas en Bogotá de la semana pasada, con salvajes protestando contra el pésimo servicio que presta Transmilenio, pensé que el orden público iba a mejorar un poco, porque la Policía en un alarde de eficiencia logró no solo controlar a los vándalos, sino que identificó a los más violentos, algunos de los cuales sin arrepentimiento, pero sí con un miedo espantoso corrieron a entregarse "voluntariamente", dándose golpes de pecho, después de que, milagrosamente no alcanzaron a lastimar a gentes de bien que iban tranquilamente para su trabajo. Vimos horrorizados la forma cobarde como con todo tipo de elementos, desde piedras hasta garrotes, quebraban los vidrios de buses que llevaban a niños inocentes. Uno de los delincuentes, cuando se vio identificado por las cámaras de seguridad, corrió a esconderse como una rata, para el otro día madrugar a entregarse haciendo actos de contrición, dando como explicación que su actitud se había producido al ver llegar a la policía a controlar los desmanes. Claro que ya el demente está tranquilo en su casa, por falta de pruebas, esperando que se presente otra asonada para volver a atentar contra seres indefensos. La justicia de este país es imposible de definir.
Pero como aquí siempre lo mejor está por llegar, nos ha caído como un verdadero chaparrón, el escándalo de la Policía y la llamada "comunidad del anillo". Este bochornoso episodio protagonizado por miembros de la policía, una de las instituciones que más prestigio había recuperado, fue publicitado por unas reconocidas periodistas, cuya actuación fue más vergonzosa que la de los mismos actores del drama. Por más importantes que sean los periodistas, es inaudita la falta de caridad humana, y no pensar en los hijos, la esposa y los familiares de los implicados, cuya afectación es inaudita. La sociedad les cobrará por el mal que han hecho. En este caso, una de las dos reconocidas periodistas fue retirada de su trabajo, por la presión de una opinión pública que de inmediato rechazó la publicación de ese video.
Para compensar tan malas noticias con algo agradable, hay que exaltar el viaje a México que acaba de realizar el papa Francisco. Este Vicario de Cristo es sin duda uno de los más importantes líderes que ha tenido la Iglesia Católica en las últimas décadas. En cada uno de los viajes que ha emprendido Francisco ha dejado con sus intervenciones una estela de fe, de esperanza y de amor por su prójimo como no se conocía en la historia reciente. Si este papa no alcanza a dejar sembrada la paz en todos los países que, como el nuestro, han vivido en un continuo enfrentamiento fratricida, es porque estamos llegando a límites vergonzosos de salvajismo.
Estaba terminando estas líneas cuando se conoce la información de que una manada de bandidos de las Farc y sus cabecillas, armados hasta los dientes, y con equipos modernos de comunicación, estaban haciendo proselitismo político en la Guajira. Ya se dio la orden de cancelar las autorizaciones que tenían los sediciosos para pasearse por donde quisieran, además en aviones del gobierno. Esperemos a ver cómo reacciona el señor Santos, y ojalá no olvide la orden perentoria que él mismo dio de prohibir el uso de cualquier arma por los civiles, bajo pena de cárcel, a menos que para no molestarlos decida reclutarlos en la Fuerzas Armadas, que es lo último que nos faltaría.
P.D.: Siendo muy joven entendí que la vida es dura y que me tocaba agarrar el toro por los cuernos. Ganó el toro.
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