Jaime Alzate


Históricamente cuando un gobierno del tercer mundo, de los mal llamados democráticos, comienza a tambalear y a ver con preocupación como las encuestas de rechazo crecen en forma alarmante, pierde respaldo de sus propios copartidarios, le entra una desesperación que lo lleva a cometer estupideces que el pueblo no resiste, provocando crisis crecientes que los van arrastrando, en medio del desespero, hacia el abismo de la autodestrucción.
Los ejemplos en América Latina salen a relucir con frecuencia, al punto que si estudiamos lo que está pasando ahora, es difícil encontrar un país de la región cuya situación no se aproxime al desastre total. Desde México hasta la Patagonia no se ve sino un reguero de miseria, rodeado de una densa capa de corrupción, con gobiernos que de todo tienen menos de democráticos, y que aumentan sus propios errores, porque esa clase de democracia nunca dura, por la sencilla razón de que los gobernantes están más dedicados a conseguir su provecho propio, que el bienestar y progreso de sus habitantes.
Lo más grave y repudiable es esa etapa en la que se van convirtiendo en dictadorzuelos con la colaboración de sus funcionarios de alto nivel que, aprovechándose del poder de cargos que han conseguido con intrigas y favores, al convertirse en mermelada, van preparando toda una red de venganzas, y sin pudor van aplicando revanchas contra los que alguna vez fueron sus contrincantes políticos y de quienes a pesar de que recibieron incontables favores, los agradecen con jugadas de mala la sangre, afectando, con la viciosa colaboración de una manada de intocables, la vida honra y bienes de personas que son calumniadas sin misericordia, hasta afectar los sentimientos más íntimos de quienes no se arrodillaron ante el poder de los todopoderosos.
Lamentablemente, hemos llegado en Colombia a la etapa de la calumnia sin vergüenza, donde por el afán de tomar revancha, o de conservar el poder sin importar el honor, se manda a prisión sin pruebas mínimas a personas cuyo único pecado ha sido llevar una vida limpia, dentro de un cerco de iniquidades, levantado por los reales formadores del círculo de falsedades.
La lista de personajes inocentes que engruesa las atiborradas cárceles, da para pensar que somos un país de delincuentes, no solo de criminales comunes sino de verdaderos hampones de cuello blanco. Pero esto no es así, los que están creando ese falso espíritu de maldad son precisamente los que deberían estar pagando tras las rejas por su dudosa honorabilidad.
Ojalá pueda nuestra patria salir pronto de la oscura nube en que nos han metido tantos funcionarios deshonestos y volvamos a levantar la cara, como cuando pequeños nos daba orgullo mirar la bandera que significaba honradez y grandeza.
Que deje el señor Santos de entregarnos a los bandoleros, porque puede estar seguro que la traición es pegajosa, y de golpe le devuelven con la misma medida con que él ha medido y con la que estamos siendo martirizados, porque puede volverse una enorme pesadilla una derrota desastrosa en las votaciones por la aprobación de las negociaciones de paz.
Unas encuestas que reflejan un 64% de rechazo, es algo de poner nervioso a cualquiera.
P.D.: Si la homosexualidad fuera lo normal, Dios habría creado a Adán y Pepe.
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