Jaime Alzate


Hace ya un buen tiempo, teníamos un grupo de amigos con quienes departíamos amablemente después de terminar nuestras labores diarias. Como puede ser normal, uno de los contertulios de mayor edad, entrado en los cincuenta, se enamoró perdidamente de una muchacha que a duras penas estaba entrando a los veinte años y rápidamente le propuso matrimonio, el cual se concretó en pocos meses. Después de la ceremonia los novios emprendieron viaje a Europa, con la promesa de que nos mantendrían informados de la marcha de los acontecimientos.
Una semana después recibimos el primer mensaje del novio que decía: ¡Como caballo desbocado! Muy entusiasmados celebramos con unos cuantos aguardientes la buena noticia, y así pasó el tiempo programado para su paseo recibiendo cada semana la misma frase. Y llegó el día del regreso, y lógicamente fuimos en manada a darles la bienvenida. Al estar todos reunidos, alguien le preguntó al cincuentón qué había querido decir con lo de caballo desbocado. Muy sencillo, respondió este, que no lo para nadie.
Se me ha venido a la cabeza esta simpática anécdota a raíz de la posesión como presidente de USA del señor Trump, quien comenzó su mandato en medio del escalofriante miedo que estamos sintiendo los habitantes de este planeta, por la forma como está cumpliendo sus promesas de campaña en forma desorbitada, dictatorial y egocéntrica, reflejando claramente su pensamiento y la forma como va a manejar al mundo, en medio de un conglomerado que no necesita mucho para sentirse amenazado por una manada de locos que se ha regado por varios países del mundo imponiendo sus ideas descabelladas que alejan cada día más la paz que necesitamos.
Pasó la primera semana de ese gobierno y el demente ha hecho tal cantidad de barbaridades que nos tiene con la boca abierta. Ya acabó con tres tratados de libre comercio, en los cuales los países del tercer mundo tenían puestas muchas ilusiones para mejorar en algo su situación de miseria. Los insultos y la forma amenazante que ha empleado contra las mujeres y las minorías relegadas ha encendido una ola de rechazo que ha puesto a pensar que no va a ser capaz de completar su período presidencial, lo que sería algo inédito en el gigante del norte y partiría en dos la historia de la humanidad.
Pero lo peor de esta angustiosa semana es la firma que con bombos y platillos estampó en el documento con el cual iniciaba la construcción de otro muro de la infamia, pretendiendo separar a México de USA.
Se pensaba que esa amenaza lanzada durante su campaña no era sino eso: una amenaza, pero todo indica que no solo va a cumplir sus promesas, sino que enfrentará a quien se le ponga de frente, como hacen los dictadores.
Como ven, este caballo salvaje va a ser más difícil de parar que el de mi amigo, el cincuentón.
P.D.: Un turista es una persona que viaja miles de kilómetros para tomarse fotografías de sí mismo.
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