Hernán Penagos


Los diálogos de La Habana avanzan aunque no con la celeridad que todos quisiéramos lo que genera desconfianza y dudas frente al resultado. Las Farc deben entender que tiene una oportunidad única para contribuir a la pacificación de la patria.
No obstante, el Presidente viene trabajando en una serie de normas instrumentales que permitan, ante una posible firma de terminación del conflicto con las Farc, tener las herramientas necesarias para lograr firmeza y vigencia de los acuerdos.
Uno de esos mecanismos es el llamado Plebiscito, instrumento de refrendación de los acuerdos por parte de los Colombianos y que solo se pondrá a consideración del pueblo después de la firma del acuerdo con las Farc. Cabe recordar que es primera vez en la historia de Colombia, que un presidente decide someter a consideración de la ciudadanía un acuerdo de paz.
Si nos atenemos a las Constitución y la ley, es importante señalar que el presidente no tiene obligación alguna de someter al escrutinio del pueblo los acuerdos. Su decisión no tiene otra consideración diferente a lo prometido hace más de un año y al deseo de lograr un acuerdo que permita una paz estable y duradera en el tiempo.
La idea es que mínimo un mes antes de la votación, se divulgue de manera clara y precisa el contenido de los acuerdos, a fin de que se conozca detalladamente los puntos negociados. Del mismo modo, se otorgarán plenas garantías tanto para aquellos que están por el sí como para quiénes impulsarán el voto negativo. En todo caso, cabe resaltar que el proyecto aprobado obliga adelantar todo un proceso de pedagogía y socialización.
El plebiscito implicará una pregunta de carácter general que recogerá el espíritu de los acuerdos, a fin de que los Colombianos se pronuncien. Si las mayorías niegan la propuesta, el presidente suspenderá la implementación y se frustrarán los diálogos, caso en el cual se mantendrá el conflicto y seguramente se recrudecerá la violencia en el país.
Si hay algo que no podemos incentivar y que se resuelve con el proyecto aprobado en el congreso, es el abstencionismo. No es democrático señalar que la manera de impedir una propuesta de esta naturaleza, sea invitar a que los colombianos no participen de una decisión que puede ser la más trascendental en la historia reciente de Colombia. Aquellos que no estén de acuerdo con lo pactado, pues que simplemente inviten a votar de manera negativa de tal forma que las mayorías decidan si le apuestan a la paz o no. El abstencionismo tan alto registrado en todas las elecciones en Colombia, cada vez deslegitima más a los gobernantes y contribuye a generar corrupción electoral.
Ahora bien, si el pueblo empodera al presidente y otorga un mandato claro por la paz, el congreso tendrá que actuar de conformidad y proceder a implementar los acuerdos modificando la constitución y la ley.
Sin duda, temas como la participación en política, los derechos de las víctimas, y la justicia transicional aplicable a los guerrilleros, son difíciles de negociar y aún mas difíciles de explicar. No basta decir que en función del noble propósito de la paz sea posible sacrificar otros principios y valores fundamentales. Por tal motivo, debe el gobierno emplearse a fondo para que la pedagogía se lleve a todo el territorio nacional.
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