Luis Prieto


Estuve en la Asamblea de Andi. Mi condición de expresidente obliga una invitación especial. Como tal fui tratado.
Impresionante y a la vez placentero, ver reunido allí todo el poderío de la producción nacional, exceptuando el agro. Una solidaridad expresada en la presencia de los presidentes con todos los miembros de sus juntas directivas, en actitud expectante.
Se corría el rumor de una división temática con el gobierno, que nadie entendía. El presidente de la Andi venía clamando porque, según su punto de vista, el Gobierno había abandonado al sector empresarial. Los asistentes estaban pendientes de un cara a cara entre representantes de ambos bandos, pero nada pasó porque nada había que mereciera la batalla.
Al iniciarse la sesión final, cuando todo el Gobierno, ministros y directores de los más sobresalientes estamentos, estaban presentes, la señora ministro de Industria y Comercio, Cecilia Álvarez, se posesionó del estrado y llamó a su delirante rival para darle un abrazo de paz, porque tampoco entendía lo que Bruce Mac Master pedía.
En general, se veía que el Gobierno no quería problemas con los industriales. El respeto era mutuo. El daño que produjeron las dos últimas reformas tributarias ha sido muy grande. Hasta las más eficientes empresas acusaron pérdidas injustas en contraposición en un aumento importante de sus ventas. No faltaron empresarios que emigraron a otros lares más benévolos. Las empresas más grandes están expandiendo su producción en el extranjero. La señora ministro dijo que entendía perfectamente esta situación y prometió estar presente en las consideraciones que ya el presidente había anunciado, para corregir semejante embrollo.
El ministro de Hacienda previamente, cuando le tocó su turno, anunció, que el gobierno había aprobado ahorros para la industria por 1,8 billones de pesos, al establecer un cero arancel para un grupo de partidas, hasta el año 2017. También una rebaja de 16 a 14 por ciento el pago de IVA para bienes de capital. Esto generó algunos aplausos.
La Andi en buena hora quiso exaltar la importancia de la tecnología en la actividad industrial y que Colombia no conoce ni por el forro. Mereció un capítulo especial. Varios invitados del exterior recalcaron una y otra vez que sin una tecnología avanzada no es posible competir. Casualmente el DANE público un crecimiento industrial de 1,5 por ciento, aunque pequeño, algo es algo para un renacer.
La Andi contrató con Fedesarrollo un estudio que sirviera como guía para un desarrollo industrializado. El libro es extenso y sin tiempo para leerlo, al hojearlo parece interesante y novedoso. Lo tituló “Estrategias para una nueva industrialización”.
Una propuesta está allí incluida. Consiste en agrupar los impuestos territoriales, el impuesto de renta, las contribuciones para fiscales y los aportes obligatorios a la seguridad social, en un solo rubro tributario.
Entre los asistentes era prácticamente unánime el convencimiento de que el petróleo nunca más tendrá los precios exagerados del reciente pasado, cuya caída ha dado lugar a la crisis en que Colombia y otros países exportadores se encuentran. El desajuste fiscal es de grandes proporciones. El petróleo regresará a su puesto natural con precios entre quince y veinte dólares para siempre, o por lo menos hasta que este mar de petróleo existente se agote. Es decir nunca.
Por eso la señora ministro Álvarez parada en la tarima, en la escena de la Asamblea de la Andi, repetía y repetía, a los industriales la responsabilidad que tenían de exportar y exportar y su decisión de apoyarlos hasta el infinito, en esta bella y complicada tarea.
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