Luis Prieto


Es difícil entender a las gentes de Manizales, especialmente a la generación actual en cuyas manos está su porvenir. Un porvenir que se aleja a medida que la apatía permanece incólume y otras poblaciones, que antes se miraban con desdén, ahora pasan a su lado raudas a ocupar posiciones del ranking que mide periódicamente el desarrollo e importancia de las ciudades de Colombia.
Manizales desde el primer año de su fundación ha requerido de muchos esfuerzos para sobrevivir y progresar. Afortunadamente ha tenido varias generaciones que han superado los muchos obstáculos que han dificultado su futuro. También otras apáticas que se han resignado a vivir de su pasado.
Si uno pregunta hoy a cualquiera de sus habitantes sobre su ciudad, responde que la vida en Manizales es tranquila y que con eso basta. No son conscientes de que esa resignación se puede alterar a medida de su retraso y peso en el país, por el avance diario de otras regiones que le compiten por muchas razones de viabilidad e importancia de sus gentes en el campo nacional.
La historia de Manizales dice cómo gentes de su pasado tuvieron que enfrentar grandes obstáculos superados por su tenacidad y el peso específico de sus representantes. Obstáculos relacionados con su posición geográfica encerrada y aislada entre montañas de difícil acceso.
Tres ejemplos que podemos llamar odiseas de gentes del pasado, para garantizar la subsistencia digna de la ciudad.
El ferrocarril, desde el Valle del Cauca hasta las calles de la ciudad de Manizales. Algo increíble. El cable aéreo, único de su género, el más largo del mundo extendido hasta Mariquita, abaratando el traslado de las cargas de café con rumbo al exterior. Hoy se añora. La carretera al Magdalena gran parte labrada con sangre en la pared de precipicios de profundidad infinita.
Tres grandes obras producidas por una ciudad pequeña, pero dirigida por decididos varones de ese entonces. Sin ellos Manizales enclaustrada y aislada sería un pueblo de tercera categoría en el Departamento de Caldas.
Caldas y Manizales han producido políticos e intelectuales que todavía hoy el país admira y recuerda con orgullo. Esta ciudad ha influido con sus gentes en la economía nacional con personajes que dominaron el ambiente financiero, tanto que Colombia por muchos años, estuvo con éxito adscrita a la llamada escuela de Manizales.
No hace mucho tiempo, viven aún habitantes que lo recuerdan, surgió en la ciudad un grupo de jóvenes decididos a imponer en Caldas el entusiasmo por hacer de Manizales un centro industrial. Sin un centavo y con solo entusiasmo y personalidad se logró la fundación de una corporación financiera, un banco y una compañía de seguros integrada entre sí que garantizaran el desarrollo industrial.
Esto se hizo hace unos cincuenta años y de esa fecha hasta nuestros días nada nuevo se ha hecho. Más han sido las destrucciones que novedades productoras. Manizales se ha estancado o su paso de progreso ha sido débil y rezagado.
Una lástima, porque su ubicación es única, la ciudad es bella y sus gentes altivas y amables. Quien viene a Manizales se encanta y no pocos dicen que es la adecuada para vivir. Su condición de ciudad universitaria es consecuente con el natural de sus habitantes.
Hoy con el torbellino de la evolución mundial y nacional, hace cada día más imperativo la modernización de sus vías. La situación de acceso, como las de todas las ciudades de Colombia y del mundo así tengan buenas carreteras, es la aérea.
Hay que reconocer que desde hace más o menos de treinta años se ha batallado con el gobierno nacional para que igual al resto del país, financie la terminación del aeropuerto hoy en construcción. Los muchos estudios indican su bondad y la gran seguridad en su contorno.
Este esfuerzo llegó casi hasta la meta al lograr la manifestación del Presidente y de su ministro de Obras de que este proyecto hay que terminarlo de alguna manera.
Pero aquí pasan cosas misteriosas. El excelente gerente que había estado desde hace rato dando esta batalla, en una de las entrevistas para estos efectos, después de un fuerte no, a los recursos que se estaban solicitando con urgencia porque las actividades en el terreno estaban paralizadas por la falta de dinero, terminó la entrevista siendo nombrado en ese mismo momento en la Vicepresidencia de la república. Es decir en un dos por tres en menos de una hora nuestro adalid se convirtió en nuestro contrario.
Desde ese día nadie sabe cómo van las cosas, si hay gerente o no, cuál es la estrategia a seguir. Los más silenciosos son el gobernador y el alcalde siendo los de mayor responsabilidad sobre la terminación del proyecto más vital, del departamento de Caldas y de su ciudad capital.
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