Luis Prieto


El título de esta columna es producto de la presencia en la Gerencia de la Federación Nacional de Cafeteros, de un moderno profesional y al mismo tiempo experimentado y conocedor de la actividad cafetera. El señor Roberto Vélez, con años como funcionario de la Federación y posteriormente embajador de Colombia en el Japón.
Llega el Dr. Vélez en un momento crucial de la economía colombiana y cuando urge en el panorama nacional una producción de envergadura, que aminore la pérdida de quince a veinte mil millones de dólares por la baja de los precios del petróleo, incidente desgraciado que está afectando y afectará la vida nacional durante muchos años.
Los colombianos tienen que saludar con esperanza este renacer de una producción centenaria, que por muchos años fue el alma del país y proveedora de los recursos internacionales para el parque industrial hoy existente en Colombia.
Después de los primeros gerentes de la Federación que impulsaron e internacionalizaron la producción cafetera, se instalaron en su dirección otras gentes sin visión y con propósitos más personales, que nunca tuvieron capacidad para apreciar lo que podría significar este producto, que hoy en manos jóvenes y modernas podrá ser un pilar económico y social para la nación colombiana, en momentos de su mayor angustia.
Una conversación personal corta y un excelente reportaje en El Tiempo, consolidaron estas impresiones, avaladas por su linaje, su padre y abuelo bien conocidos por este columnista.
Actualmente producir café no es un negocio rentable, con costos laborales tales que ni siquiera alcanzan para pagar las prestaciones de salud y pensión a sus trabajadores. Esto sucede cuando los precios en el exterior son más que aceptables y la devaluación que vive el país aumenta su ingreso.
La culpa de esta situación es la baja productividad de los cafetos, aún de los recién renovados. 16 sacos por hectárea, lo máximo hasta ahora obtenido, no es nada comparado con el mundo cafetero. Esto lo resalta el Dr. Vélez con acento. Si se compara con Brasil con 40-50 sacos hectárea, Vietnam 70, y los centroamericanos 35. Diferencia impresionante solo hasta ahora advertida. La tecnología genética tiene que revertir esta penosa situación.
Importante abrir el mercado como se propone el Dr. Vélez, autorizando exportar café de clases inferiores, subproductos del excelso hasta hoy único autorizado. Esto aumenta el ingreso de los cafeteros. También inducirá la siembra de otras variedades para crecer el área productiva y el empleo. Por ejemplo, el café robusta en los Llanos Orientales. Igualmente resucitar el sombrío para muchos cafetales que necesitan refresco, una condición olvidada que producía mejor tamaño y mejor calidad. Hacerlo con árboles que produzcan madera fina comerciable, combinación formidable. Lo mismo el café - maíz.
Estos son pasos acertados en pos de una rentabilidad, que con gran ventaja ya han alcanzado los otros países productores. Algo que ha debido suceder aquí desde hace mucho tiempo, pero que la inercia, la desidia y la ignorancia lo han impedido.
La mano de obra es un gran costo, porque es cada vez más escasa, más anciana y más onerosa. Asir o aprehender selectivamente el grano rojo maduro de la rama del cafeto, evitando los que aún no han ganado madurez y deben permanecer en su sitio, es una operación delicada de una mano entrenada y costosa, sobre todo en aquellos lugares que son prácticamente precipicios.
Cenicafé, la sección científica del gremio cafetero, tiene que ponerse al día en investigaciones para bajar costos y velar por la calidad. De mano de científicos internacionales, es posible maniobrar genes para multiplicar el número de sacos por hectárea y conseguir una madurez simultánea que reducirá costos de recolección.
Para el Dr. Vélez la producción de café especial actual, de mayor precio en el mercado internacional y que ha venido en crescendo, es prioritario.
Toda una revolución que hará de esta noble actividad un holding, el mayor de Colombia, y honrará al país en el mundo internacional. Reintegrar una publicidad que una vez tuvo y que llevó a los cielos la convicción absoluta de que el café colombiano era el mejor del mundo sería muy del caso.
La Federación de Cafeteros de Colombia tiene, al fin, el Gerente que merece.
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