Luis Prieto


Luis Prieto Ocampo
Los colombianos están entrando a una nebulosa que les impide concentrarse en el presente de su vida. Nebulosa, porque ya se empieza a sentir en sus haberes y en sus pasivos, individuales y corporativos, y con todos sus rigores, el vacío que se produjo en las finanzas públicas, los diez y nueve mil millones de dólares, producto de la baja del precio del petróleo en los mercados internacionales.
Es una cifra grande cuya ausencia el sector público traslada y esparce en toda la extensión del territorio colombiano. Es un recorte de gran dimensión, en la producción y en el consumo nacional. No se recuerda nada igual en el pasado reciente.
A ese golpe que de por sí atolondra al país entero, se suma el proceso de firmar una paz con los terroristas de las Farc. La firma está programada para marzo de 2016, es decir para mañana, sin que hasta ahora se hayan aprobado todos los puntos seleccionados. Faltan entre otros varios, por ejemplo, algunos tan trascendentales como la entrega de armas y el negocio de la producción y tráfico de coca. No se han tocado estos puntos en la mesa de negociaciones y ya los terroristas por voceros autorizados, han advertido que no entregarán las armas y que desconocen lo de la droga así los haya enriquecido.
Este apuro y estas advertencias empiezan a volverse un torbellino peligroso. Cumplir la fecha presidencial es imprimirle velocidad de la luz a unas conversaciones que tienen su ritmo inexorable, máximo del tamaño que se espera. La alternativa peligrosa y única es firmar a la carrera y celebrar en este lapso un acuerdo espurio atropellando la dignidad nacional.
Porque a lo largo de atropellos múltiples se está llegando al momento cumbre de someter al voto popular lo acordado en las negociaciones de La Habana a marcha forzada. Independiente de qué se va a votar y cómo se va a votar, lo único que se sabe hasta hora es que habrá un sí aprobatorio y un no negativo.
Cualquiera de las respuestas constituye un magno problema para el Presidente y para el país en general. Si la respuesta es sí, queda firmada una paz que nadie sabe cómo se cumplirá. Se inicia un postconflicto de un costo imposible, de consecuencias ignotas para el ciudadano común, pero peor que todo, no hay con qué financiarlo por las repetidas condiciones de un fisco aséptico en dinero.
El costo de este proceso es algo indescriptible y la única alternativa ingenua ha sido la de nombrar un nuevo ministro con el encargo de salir por un mundo, también en las mismas, agotado y quebrado a pedir una limosna para una ayuda de algo lejano y desconocido. Las palmaditas en el hombro que el Presidente recibe en los numerosos cócteles a los cuales asiste en el exterior no van más allá que una simpática elusión a un cuento repetido.
Las angustias de Colombia no están para atender los generosos pactos mediante un postconflicto con unos guerrilleros de cuyas manos todavía caen gotas de sangre de la inmensa cantidad de víctimas que llevan a sus espaldas. Por esas y otras miles razones el gobierno se verá obligado a un gran “conejazo” con estos nuevos mejores amigos.
Eso sí el plebiscito dice sí. Si dice no, será el crujir de dientes en medio de las tinieblas exteriores. No se conoce plan B de qué agarrarnos.
La batalla por la paz es un hecho noble que de por sí la gente sin excepción apoya. El presidente Santos la ha emprendido con ardor y nobleza. La idea ha sido de su hermano Enrique. Todo y su libro incluido sobre el tema, lo indica. Su mano se ve por todo el recorrido del proceso. Su izquierdismo de siempre y su evidente amistad con los jefes guerrilleros pone en ascuas a mucha gente. Se teme que esta amistad en la intimidad sea aprovechada por los guerrilleros para forzar conquistas que el pueblo colombiano nunca hubiera aceptado. Por eso el gran temor por el no.
En estos momentos, cuando las cartas están ya sobre la mesa, sin reversa alguna, con peligros mortales por lado y lado, es cuando las gentes colombianas deben obrar con inteligencia y patriotismo, haciendo a un lado las pasiones. Esto si la inteligencia, como último recurso, sirve de tabla de salvación.
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