Pedro Felipe Hoyos Körbel


El 30 de abril de este año caducan los derechos de autor que tenía el Estado Federal de Baviera, como albacea del patrimonio de Adolf Hitler, sobre “Mi Lucha”, libro cuya reproducción y distribución impidió el gobierno bávaro durante los últimos 70 años.
En 2013, este mismo Estado federal reunió a un grupo de expertos para redactar una edición crítica de esta turbulenta obra y así contrarrestar el impacto perjudicial que podría tener este texto sobre ciertos grupos políticos. Curiosamente este gobierno en 2015 suspendió toda colaboración con su propio proyecto después que el jefe de Estado bávaro visitara Israel alegando que por respeto a las víctimas este libro no debería circular, y su estrategia para callar este texto la cimentó sobre el derecho penal que prohíbe la publicación y distribución de textos que tengan como fin alborotar a la población políticamente.
Causó revuelo esta torpe decisión, que por complacer a sus anfitriones judíos, cambió el camino sano trazado, por uno reaccionario y perjudicial anteponiendo el dolor a la ciencia y el conocimiento. Finalmente los bávaros cedieron y la edición crítica, con un tiraje de 4.000 ejemplares, se agotó y se hizo un segundo tiraje para atender el pedido de 15.000 libros más. En los anticuarios se negocia actualmente la edición original de “Mi Lucha” del año 1933 en 80 euros; la edición nueva, de casi 2.000 páginas, costaba 60 euros, pero se negoció hasta en 600 euros en internet ya que se agotó el mismo día de su publicación.
De “Mi Lucha” existían 14 millones de ejemplares y fue requisito su adquisición para ser miembro del partido nazi después de 1933, año en que Hitler se convirtió en canciller alemán. Este libro de 732 páginas, que hizo multimillonario su autor, contiene el guión de lo que iba a ser la política del Tercer Reich, sus momentos de gloria y, por supuesto, todos los argumentos que causaron el desastre. Se supone que este libro trata exclusivamente el tema judío, siendo el tema de la enemistad de Alemania con Francia su mayor temática. Hitler en su obra recurre a un truco argumental que consiste en exaltar un bien abstracto aceptado por todos como lo es el bienestar del pueblo, resaltando su amenaza para inmediatamente proponer una solución que al ser analizada lleva a una conclusión de dudosa estabilidad, pero su exposición vehemente y apasionada conmueve y atrapa al lector. Claro que todo ciudadano quiere ver a su país liderando al mundo y siendo completamente independiente, pero lo que el lector no logra dimensionar es el tipo se solución propuesta en la obra.
Su autor, un hombre inteligente pero poco culto, vació en esas páginas, con una argumentación truculenta, pero repleta de emoción, su visión del mundo y sus posibles avances. Hitler había redactado gran parte del libro como catarsis durante su prisión después del fallido golpe de estado en 1923. Pagaba una condena de 5 años que fue reducida a menos de la mitad. Dista de ser una confesión, porque carece de arrepentimiento, y sucede todo lo contrario, allí diseña el futuro con una Alemania que se opone al pacto de Versalles, y que recupera sus fronteras alteradas por las potencias después de su capitulación de guerra, de una Alemania con un ejército tan potente como el francés o el inglés. Igualmente denuncia la amenaza judía, pero aún dista de proponer el holocausto como se implantó después de 1941.
Era Hitler un lector ávido pero incoherente, que indiscriminadamente recurría a autores de dudosa solidez científica, como a los clásicos para proyectar sus argumentos. Su teoría racial era trasnochada y anacrónica. El historiador Oswald Spengler, autor de “La decadencia de Occidente”, libro que impactó su época, buscó entrevistarse con el Führer para ilustrarlo y corregir sus ideas, pero su muerte en 1939 impidió el encuentro. Veía Spengler, como muchos alemanes, un planteamiento interesante pero mal documentado que llevaban a conclusiones insostenibles. El tono vehemente, apasionado, proactivo y directo convierte a “Mi Lucha” en un manual ideal para desarticular una democracia, y ese es el miedo del gobierno alemán con la circulación de esta obra. Sin embargo, el libro se consigue fácilmente en internet, además de los discursos de este trágico y deplorable, pero carismático líder.
La prohibición no es efectiva en la lucha contra la derecha política. A ese catálogo de ideas abstrusas se deben contraponer ideas sanas de Estado con las cuales toda persona se puede identificar y sentir incluida. Esa es la esencia de la crisis que viven Alemania y toda Europa: los partidos y el Estado poco conmueven a sus ciudadanos.
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